Apuntes sobre el club de la pelea.

“Death seed blind man’s greed
Poets’ starving children bleed
Nothing he’s got he really needs
Twenty first century schizoid man.”

King Crimson – 21st Century Schizoid Man

Para este ensayo tomaremos como punto de partida el estudio de la película Fight Club (El club de la pelea), dirigida por David Fincher en el año 1999. Articulándola con las ideas de Marx, Durkheim, Weber, Simmel y Marcel Mauss, trataremos de darle una explicación sociológica a esta narrativa cinematográfica.

I Sociedad de consumo. Metrópolis y vida mental

La saturación de la sociedad de consumo envuelve al protagonista del filme en una profunda soledad citadina. El personaje asume su condición de hombre absurdo que todos los días está condenado a cumplir las mismas tareas; lo alienan y producen en él una sensación de extrañamiento con el mundo. Una subordinación a los objetos: el fetiche de sus logros como hombre común. Según Marx, “esta dialéctica entre el sujeto (el hombre en sociedad) y el objeto (el mundo material), en el cual los hombres subordinan progresivamente el mundo material a los objetivos de ellas, con lo cual van transformando estos mismos objetivos en necesidades” (Giddens, 1998:61); el insomnio y la desesperación es uno de los tantos síntomas que padece el protagonista de Fight Club, un ser gastado por la rutina de su oficio. “Al alienarse de su propia actividad, entrega el poder sobre esa actividad a un extraño” (Marx, 1974:63).

La mayor parte de los hombres pasa su vida precariamente instalada en habitaciones transitorias y masivamente construidas…El ritmo de la vida individual pierde autonomía y espontaneidad y distinción cuando queda atrapado en una corriente de tránsito y debe marchar de acuerdo con la velocidad del camino…Semáforos que nos dicen cuándo parar y cuando seguir la marcha; parece que manejamos cuando en realidad somos manejados (Van den Haag, 1974:128).

El individuo es el objeto más cuidadosamente fabricado por el sistema capitalista. La cultura occidental parece montada sobre la nostalgia de “uno”, sobre la identidad (Ibañez, 1992). Los individuos se vuelven seres sin importancia colectiva, de ahí quizá la necesidad de definirnos a costa de los demás: de crear desesperadamente un otro que nos defina en los espacios de la metrópolis. La división burocrática del trabajo, en términos de Weber, constituye la “jaula” en que se obliga a vivir a los hombres modernos. La sociedad de consumo sumerge a los individuos al régimen de la rutina mecanizada, que altera la vida mental dentro de las metrópolis. Para el estudio del paradigma de la ciudad, George Simmel se apoya en un sistema de oposiciones, contrastes y conflictos:

En su opinión la ciudad metrópoli, sede de la división del trabajo, la economía de mercado y la compartimentación burocrática, fragmenta al sujeto colectivo. Los valores comunitarios revientan. La metrópoli afecta la vida mental del individuo, cercena su experiencia anímica: lo instala en la weberiana “jaula de hierro” de la cultura objetiva y, en ocasiones, en los intersticios de los mundos paralelos. Como en Durkheim, el advenimiento de la sociedad industrial, ocasiona en el sujeto en tránsito, de lo rural a lo urbano, de lo tradicional a lo moderno, un colapso de personalidad (Cajas, 2009:70).

El individuo está inserto en el colectivo y la deuda por definirse es endémica y grotesca. El viaje al interior de nosotros mismos pronostica pesadilla y terror. La libertad se hace costosa a medida que nos vamos adentrando en nosotros mismos. La idea de estabilidad es poderosa, y más cuando se busca en los confines de la ciudad. La libertad es el recurso indispensable de la imaginación. La ciudad es el espacio ilusorio por excelencia; es una suerte de parque temático que recrea lugares y tiempos que no le pertenecen. Condiciona a sus habitantes a la rutina mecanizada: a la máxima secular de que el tiempo es dinero.

La primera característica de la moderna civilización maquinista es su regularidad temporal. Desde el momento de despertar, el reloj marca el ritmo del día…la reducción del tiempo y el espacio, la normalización de la producción y los productos, la sustitución de la habilidad por el automatismo, y el aumento de la interdependencia colectiva son, en suma, las características esenciales de nuestra civilización maquinista (Mumford, 1974: 71).

Es necesario subrayar que la metrópolis es el terreno genuino de esta cultura que crece más que la personalidad (Simmel, 1974). La ciudad viene a ser la compresión del espacio. Es la síntesis vuelta estructura tangible de todo el discurso moderno, dotado de instituciones que tienen como finalidad amoldarnos y hacernos aptos para vivir en ella. Ajustarnos a un modo de vida racionalizado que está por encima de los impulsos y gustos individuales. Fight Club viene a ser una crítica a la condición esquizofrénica del hombre moderno dentro de la metrópolis, y sus últimas consecuencias.

Las ciudades son, en principio, la sede de la más elevada división económica del trabajo…Las condiciones decisivas de la división del trabajo…obligan al individuo a especializarse en una función de la que no pueda ser fácilmente desplazado por otros. Es decisivo que la vida ciudadana haya reemplazado la lucha contra la naturaleza por la supervivencia, por la lucha interhumana, por la ganancia…Todo esto constituye la transición hacia la individualización de los rasgos mentales y psíquicos, que la ciudad provoca en proporción a su tamaño (Simmel, 1974:114-115).

El protagonista en su condición absurda busca actividades somáticas para soportar el peso de su rutina, pasando de la autoayuda grupal, a la destrucción individual y colectiva. En este mismo orden de ideas, es importante mencionar la ruptura que sufre la cotidianidad del protagonista con la llegada de dos personajes cruciales para toda la trama del filme: Marla Singer, la otredad femenina, objeto de deseo negado y vínculo afectivo con la realidad; y por otra parte está Tyler Durden, un vendedor de jabón que conoce al protagonista en un avión, que viene a ser el antagonista y la representación del antihéroe moderno, el desviado por naturaleza.

II La casa, rincón de la trama.

Son interesantes las alegorías que podemos exponer a partir de una interpretación de los espacios dentro del filme. El protagonista, obsesionado con los productos de una compañía de inmuebles, construye su casa ideal: ilusión de estabilidad dentro de la sociedad de consumo. Un apartamento lujoso repleto de objetos, que luego es consumido por las llamas de un incendio. Este suceso marca un arranque crucial en el desarrollo de la historia, puesto que obliga al protagonista a desplazarse a otro lugar: al espacio de Tyler: una casa abandonada y en ruinas, relación directa que toca el deterioro mental del protagonista y su realidad.

La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre razones o ilusiones de estabilidad. La casa es, más aún que el paisaje, un estado del alma (Bachelard, 2010). La Casa de la calle Paper se convierte en el espacio donde se desarrollan los personajes del filme. Esta viene a ser el rincón de universo donde el protagonista construye su ensueño y macera su locura. Todo esto en la medida que propugna su destrucción.

El interior de la casa adquiere un sentido real o imaginario de intimidad, de secreto o de seguridad. Cada rincón de la casa cumple un objetivo en particular donde conviven los personajes: habitaciones, el sótano, la cocina y el jardín. Dentro de sus límites está la posibilidad de construir toda una red de situaciones reales y ficticias. “El espacio adquiere un sentido emocional e incluso racional por una especie de proceso poético a través del cual las extensiones lejanas, vagas y anónimas se llenan de significaciones para nosotros, aquí” (Said, 2010:87).

Dedicamos un segmento especial a la casa puesto que es donde se desarrollan hechos puntuales que nos abren a la psique de los personajes y la continuidad de la historia. La casa, para los personajes, es un espacio que revela hechos y alberga recuerdos. Tenemos por ejemplo el baño: lugar íntimo y pequeño, donde Tyler y el protagonista hablan sobre su pasado. La ausencia del padre los une en un sentimiento común, cosa que explica tal vez la negación a toda figura de autoridad, producto del abandono, que a su vez define la soledad de los personajes, que se buscan y se necesitan mutuamente. Otra escena particular dentro del mismo espacio es la caída del diente del protagonista. Los dientes, se les podría designar como el primer ordenamiento, no siempre de manera visible, pero sí cuando se abre la boca. Los dientes al estar ordenados se traducen en la esencia del poder en general (Canetti, 2010). Que un diente del protagonista se desprenda y se pierda en el lavamanos señala el primer indicio de desorden en la identidad. La sugerencia de inestabilidad dentro del filme puede tocarse desde su extracción dental.

El sótano es uno de los espacios más sugerentes. Es ante todo el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos (Bachelard, 2010).  En la casa de Tyler cuando llueve el sótano se inunda (se producen lagunas); hay una escena particular donde el protagonista dice: “every time it rained, we had to kill the power”, es decir, cortar la luz.  Todo se hace a oscuras. Lo subterráneo controla fuera de sus dominios. El sótano encuentra una totalidad por la profundidad: por el inconsciente.

III Los que se piensan como grupo

En la actualidad el cuerpo viene a ser un compendio de imágenes.  La inconformidad del protagonista lo lleva a construir una suerte de alter ego, dotado con todas las características que el mismo dentro de la realidad no puede cumplir. Crea un héroe ideal, o en este caso un antihéroe ideal. Desde un otro creado a partir de él, encuentra todos los recursos necesarios para que el mundo sea como él quiere. Produce un desplazamiento de la responsabilidad del yo. En sentido general, es dos veces otro: el hombre corriente preso de sus necesidades materiales; y está el otro, ser que se define por un apetito voraz por el caos.

Hay que prestar atención al discurso que se construye en torno al cuerpo dentro del filme. Diariamente se nos presentan cuerpos esculturales. El cuerpo es maltratado o manipulado en determinados acontecimientos sociales que lo toman estrictamente como objeto (Augé, 2004).

Gran parte de la actividad ritual guarda relación con el cuerpo individual. En algunos casos, este vínculo del cuerpo individual con el cuerpo social se inscribe por el propio cuerpo (circuncisión, excisión, escarificación, etcétera), que significa a la vez la identidad individual y la relación con los demás, precisamente por la relación con los demás (2004:68).

Tomamos por ejemplo todo el conjunto de órdenes que definen al Club de la Pelea: el enfrentamiento de los cuerpos entraman toda una economía del dolor, de liberación y catarsis colectiva. Podemos decir que los rituales constituyen una suerte de Potchland, cuyos elementos fundamentales son el honor, el prestigio, la riqueza y la obligación de devolver estos dones. “La relación del don envuelve tres obligaciones, de dar, de recibir y de devolver” (Mauss, 1971: 204). Esta intersección produce un círculo vicioso de derroche, una competencia agonística, pues está regulada por la ley de exceso y pérdida, recibir implica la obligación de devolver más (Ibañez, 1992). Los dones en el filme son traducidos en golpes y mezcla de sangre. Lastimar y ser lastimado, comprenden un conjunto de prácticas recíprocas que definen al Club, que después experimenta su metamorfosis al momento de definirse como Compañía. Todo esto, sin nunca perder su condición de secta, pues opera de manera subrepticia, y sus relaciones culturales se basan en el secreto y los actos vandálicos nocturnos, que afianzan los lazos de solidaridad mecánica dentro del grupo, usando el término de Durkheim. Estos vínculos de cohesión tienen una estructura agregada o segmentaria, es decir, se componen por grupos de clan que son muy semejantes entre sí por su organización interna: su unidad como un conjunto de ideas y sentimientos comunes (Giddens, 1998).

El hombre rebelde asume su papel como agente de caos, representado directamente en la figura de Tyler, personaje detonante que impulsa al protagonista a crear el Club de la Pelea. El Protagonista actúa como si en él no existiera ningún otro, sin embargo mientras se va desarrollando la película vemos cómo este construye una doble alteridad que le permite transgredir las normas, acto que se traduce en liberación. De ahí radica el poder que produce, y el estado de hipnosis en el que sumerge a todos los miembros del club, ya sea por su obsesión monomaníaca, o por la dominación que puede llegar a producir por su carisma. Carisma que Max Weber define como:

La cualidad de una persona individual considerada como una cualidad extraordinaria…El elemento que determina la efectividad del carisma es el reconocimiento de sus sometidos. Se trata de un reconocimiento libre, nacido de la entrega a una revelación, al culto del héroe, y garantizado por una prueba, que originariamente era siempre un milagro (2012: 121-122).

La primera barrera que hay que superar es la tiranía del cuerpo. Tyler como representación de la ruptura y desarrollo de  la trama, propone la autodestrucción como forma de liberación. La renuncia material como forma de resistencia. Hay que ver la relación simbólica que juega el jabón dentro de los sucesos en el filme. El jabón entendido como un objeto para purificar y limpiar el cuerpo, pero a su vez, un producto cuyos ingredientes también pueden provocar la destrucción: la glicerina como base de la higiene y la dinamita.

El club incrementa en la medida que viola sus propias reglas: “Do not talk about the fight club”. Se piensan como un grupo destinado a propagar el terror: el quiebre definitivo del sistema emprendido por el Proyecto Caos. El grupo opera en lo oculto, dentro de los límites de la casa en la calle Paper. La identidad individual de cada miembro se trasmuta a la identidad de la Compañía de Jabones (Paper Street Soap Company). Todos se piensan y se sienten como parte de una totalidad que auspicia su propia destrucción. Todo basado en su condición clandestina, rasgo característico de una secta.

Se distinguen por la concentración de un escaso número de mandamientos y prohibiciones; también sobre pequeños grupos de prosélitos que se conocen entre sí perfectamente bien. También está concentrada al máximo su disciplina, el reconocimiento y adoración de un Cristo viviente entre ellos (Canetti, 2010: 375).

Bibliografía

  • Augé, Marc. (2004). ¿Por qué vivimos? Por una antropología de los fines. Editorial Gedisa, España.
  • Bachelard, Gaston. (2010). La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica, México.
  • Cajas, Juan. (2009). Los desviados: cartografía urbana y criminalización de la vida cotidana. MA Porrúa librero-editor, México.
  • Canetti, Elias. (2010). Masa y Poder. Alianza Editorial, España.
  • Giddens, Anthony. (1998). Capitalismo y la moderna Teoría Social. Idea Books, España
  • Ibañez, Jesús. (1992). Más allá de la sociología. El grupo de discusión: técnica y crítica. Siglo XXI Editores, España
  • Marx, Karl. (1974). “El trabajo alienado”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Mauss, Marcel. (1971). “Ensayo sobre los dones, razón y forma del cambio en las sociedades primitivas”, Sociología y antropología. Tecnos, Madrid.
  • Mumford, Lewis. (1974) “La rutina mecanizada”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Said, Edward. (2010). Orientalismo. Random House Mondadori, España.
  • Simmel, George. (1974) “Metrópolis y vida mental”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Van den Hagg, Ernest. (1974) “No tenemos medida de la necesidad ni la desesperación”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Weber, Max. (2012). Sociología del poder. Alianza Editorial, España.

Alexander Urrieta Solano

fight_club_fanart_by_beelzaboo

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