“El hombre no sólo quiere estar siempre; él quiere estar cuando los otros ya no estén. Cada uno quiere llegar a más viejo y saberlo, y cuando él mismo ya no esté se le ha de conocer por su nombre.”

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Elias Canetti – Masa y Poder

Fin de semestre

En este país nadie respeta el tiempo de los demás. Ya terminando el semestre caigo en cuenta de que nuestra energía se concentra en aprobar y buscar el visto bueno del maestro inquisidor, que a su vez pretende exigir algo que nunca le ha dado a sus alumnos; y esta relación es mutua y nociva; aprender es un hecho circunstancial de todo este régimen desquiciado que se hace llamar Educación Superior. Pensé que ese trauma se había quedado en el colegio, pero ahora veo que lo que se aprende en la cuna jamás se vomita. A falta de guía y pasión no tiene ningún sentido estudiar por convicción. Saturar no es enseñar, por eso ciertos trabajos finales resultan un dolor de cabeza y una pérdida de tiempo; lo único que queda es la presión de cumplir asignaturas, y en el fondo de la olla el sadismo de nuestro sistema educativo: que no sirve para absolutamente nada. La universidad no ha hecho otra cosa que producir piezas desechables, ¿alguien se ha preguntado alguna vez, si se considera un ser irremplazable? Bajo estos términos decadentes tenemos que abrir más espacio a las dudas. No podemos ser la medida de todas las cosas, ni mucho menos tapar el sol con un dedo.

La Universidad Central de Venezuela se ha convertido en un gran barco pirata. Un espacio de tránsito donde parece que el último fin es conseguir un papel que nos de legitimidad en la calle. El título parece que es lo único que vale, ya no importan las personas. Me entristece saber que la mediocridad gobierna de forma déspota en todos los rincones del país. Meter el dedo en la llaga también me condena al destierro, y sin duda a la desaprobación de mis semejantes, pero no me importa, pues he aprendido a expresar ciertas molestias mucho mejor que algunos de ellos. Por primera vez me jacto de mi arrechera.

Todo desmotiva, puesto que resulta difícil asumir que el respeto también se ha perdido. Que no nos extrañe ver tantos egresados acéfalos, la mugre que producen las pisadas de la fiesta en el Aula Magna también amerita ser probada, y cuestionada. Ante esta situación tan preocupante, me pregunto qué queda para nosotros, meros bachilleres a mitad de una carrera marginada, porque nuestra cultura meritocrática nos ha forzado a estudiar carreras que eleven nuestro estatus económico, ya que es preferible evitar todo aquello que despierte desencanto, o bombee mayor cantidad de sangre al cerebro. Eso justifica el país que tenemos (?). La formación de sociólogo me ha llevado a caminos oscuros pero esclarecedores, no obstante temo que esta condición que padezco sea irreversible. Saturar no es enseñar, es algo que he aprendido de mis maestros, al menos de los que se toman enserio su oficio. He aprendido tanto de los buenos como de los malos, sobre todo de los nefastos, pues son el vivo ejemplo de lo que reina en este país próspero de grandes riquezas y mujeres hermosas…pónganme de nuevo la cancioncita de Venezuela mientras me seco las lágrimas, porque ahora hasta el mínimo grado de lucidez parece un chiste.

Por lo menos en mi escuela hay mucha gente que sobra; la idiotez cuando se vuelve una moda, no hay elecciones partidistas que valgan, ella siempre estará allí. Igual esta prestigiosa casa de estudio ahora se encuentra cómoda y golosa bajo una buena sombra: administrada por charlatanes de cuarta y payasos de quinta. Y esta desidia es contagiosa, ahora más que nunca tenemos que estar atentos al destilado del “Cambio/Revolucionario”. Se critica el deterioro de la institución, pero nadie cuestiona el proceso embrutecedor en el que estamos sumergidos gracias a ella. Porque ahora pensar distinto parece un lujo que nos margina y nos distancia de la multitud: desagradable motor de los cambios. Es fácil sentirse cómodo en un país artificial donde reciclar ideas gastadas es la única forma de ser aceptado: soñar con la democracia petulante de los viejos dinosaurios, o el rancio socialismo del siglo XXI, que ya nadie sabe hacia dónde nos está llevando. Vivo ejemplo lo siento en mi casa de estudio, donde los líderes estudiantiles ejercen gestiones para el deleite de sus prosélitos; igual siempre podemos escoger un bando contrario, que en su ilusión de ejercer política, nos hace sentir propietarios de la verdad. Y al final el estudio sólo es un burdo oficio en segundo plano, que poco a poco iremos olvidando, cuando las ínfulas de doctor y licenciado nos hagan creer que estamos listos para comernos el mundo.

Disculpen esta descarga sin filtro pero… qué pegadera de huevo ha sido este semestre. En solidaridad con mis colegas irremplazables que todavía siguen oponiendo resistencia, ofrezco estas palabras. Sine ira, et studio.

Alexander Urrieta Solano

Los Condenados del Paréntesis

Muchas veces uno expone ciertas ideas que lo comprometen al destierro. La realidad me da argumentos válidos para seguir viendo el futuro con escepticismo. No soporto esa forma imperativa y enfermiza de sujetarnos al pretérito ¿Por qué los viejos insisten tanto en atarnos con la misma soga con la que enrojecieron sus cuellos? No he conocido un pueblo tan nostálgico y avergonzado de su propia historia como el de este país mestizo; tan consecuente en su ejercicio de recordar falsas raíces, pues le sale sencillo imaginarse un país sintético, concebido por los delirios de los vejestorios enfrascados en su vicio de orden y progreso: única alternativa de vida, porque al parecer todo era prosperidad y alegría… “Éramos felices y no lo sabíamos”; si el lamento se esconde en esta irrisoria expresión popular, me atrevo a confirmar más bien que “nunca” fuimos libres de pensar otra felicidad. Éramos, y seremos felices, bajo los efectos somáticos de la sociedad de consumo. Lo más perturbador de todo es la incapacidad de problematizar el presente sin elaborar ningún tipo de reflexión lúcida, lejos de alguna presunción polarizada que propicie la niebla entre los séquitos, que necesitan el respaldo de una voz mayor para poder pensar. Si todo tiempo pasado fue mejor, eso refuerza la idea de un presente insostenible, pues hay una necesidad de alcanzar el porvenir, recuperando eso que quedó atrás. Anhelar no tiene sentido si hay ausencia de movimiento.

Tengo miedo de este letargo insomne que irradian mis contemporáneos. Vivimos en un mundo con poco sentido de lo real. El cinismo y la amnesia esporádica son indispensables para sobrellevar el ritmo escandaloso de la segunda década del milenio; a este paso vamos acelerando nuestra extinción ¿quién se atreve a negar que nosotros procuramos comenzar primero? Hicimos nuestro mejor esfuerzo para tocar el fondo: el monopolio militar y la hegemonía de los pranatos, junto con la ficción del mercado han llevado a este pueblo a la ruina. Creo que nos entregamos deliberadamente al papel del Mejor país del mundo; desde el principio el excremento del diablo logró satisfacer nuestros más insanos caprichos. La obsesión monomaníaca de salir del sub-desarrollo, sin mencionar la invención del otro y el tercer mundo, el proyecto de naciones, empresa y sociedad de castas, la tierrua y la sifrina, adecos y copeyanos, chavistas y opositores… me atrevo a decir que nuestra compleja identidad se concentra en los certámenes de belleza y las marcas de cerveza ¿Acaso fuimos otra cosa? ¿Tiene algún sentido cardinal rendirle culto a Bolívar o a una Arepa? ¿Cómo se piensa un País, desde el tuétano, o el reflejo? Matar a nuestros dioses conlleva toda una épica del desencanto. No podemos desprendernos de nuestras cicatrices culturales, pero si engendrar antihéroes, pues la epopeya se ha quedado corta para saciar nuestras necesidades. Tampoco la corona de Barbie idiota saciará este sentir trágico de país, mucho menos los clasificatorios del mundial. Para los venezolanos, la ingenuidad ha sido siempre nuestra mayor virtud; por la risa hemos aprendido a ocultarlo todo.

La desgracia de esta generación de los noventa fue haber nacido entre un paréntesis, fin de siglo, poco nos convencen los sueños de nuestros padres, y aparte nos decepciona todo ser nacido en el nuevo milenio. Igual no podemos soslayar el uso político que le han dado los poderosos al pasado; las tiranías más grandes no se han ejercido por el control de los fusiles, sino por el dominio de las palabras: la ventaja de poder re-inventar o deformar la historia, a gusto del opresor de turno.

La modernidad ha perfeccionado la creación de engranajes. El autómata estructural se ha convertido en un rasgo connatural: sujetos embrutecidos por el alcohol y la televisión, la industria del odio y el morbo, la soledad virtual y las falsas supremacías morales. No pongo en duda que nosotros por un desfase entre un milenio y otro padezcamos cierta anomalía decadente.  Igual ahora todos somos medidos por la misma vara del mercado, burdas piezas para perpetuar el caos, y sin embargo uno hace el intento de llevar la contraria, igual la contracultura se somete al gasto y al consumo. Empresa inútil, cuando de las contradicciones se produce movimiento vital. La ontología de la felicidad radica es su imposibilidad de conservarse estática. Maldito afán de los machos racionales, que pretenden alargar el instante con cualquier artilugio moderno, que no nos impresione que busquemos agregar más horas al tiempo. La existencia es la brevedad más cuestionada del ser.

Ese gusto de portarnos como hordas. Perros sin dueño. Nos organizamos sólo para despedazar, nunca para crear. Uno predica con el ejemplo, imaginen cuánta pedagogía pública puede ofrecernos el espectáculo de la picota, el desmembramiento del otro, vil ladrón que debe pagar su incomprendida existencia… ¿qué necesidad y desesperación lleva a los hombres a robar? El linchamiento tiene para muchos un sentido práctico y terapéutico, casi orgásmico, donde la rabia se descarga sin penas ni decoro. Se cuenta con la aprobación de una multitud desquiciada que vive a gusto con la violencia. El evento convoca a sus enfermos, los roles se asumen de forma casi premeditada, se improvisa la escena: los que golpean y buscan sangre, los que gritan Desnúdenlo y quémenlo, los voyeristas que graban, pues ahora todo queda registrado para el deleite de nuestra propia miseria…y luego el momento que todos esperan: La apoteosis del fuego: La quema de Judas. Cada grito del condenado en llamas es un demonio que sale por su boca; así la muta inquisidora alcanza su redención. Hay que prestar atención al clímax de la liturgia urbana: un ambiente tenso y excitante; una alegría terrorífica, casi incomprendida, proveniente de un público histérico que sin darse cuenta ha sido poseído por nuevos demonios; sólo falta que todos como grupo vayamos corriendo hacia el abismo, pues hay que concretar nuestra historia en un suicidio colectivo, para que nos recuerden como próceres prematuros. A veces tanta estupidez resulta insoportable. Duélale a quien le duela, los tiranos y malandros también van al cielo. La hipocresía y la mentira habitan en proporciones desiguales, pero existen en cada uno de nosotros. Ese profundo odio por el otro se ha vuelto la sustancia vital del ahora. Este país polar no es una excepción a la regla, es una prueba fehaciente.

No quiero sonar fatalista. Tampoco pretendo hablar con la verdad, no puedo hacerlo, ni quiero nunca jactarme de tenerla. Hay muchas personas que hacen parcela de su verdad y viven tranquilos hasta el fin de sus días, (egoístas innatos, como las bestias polares). Ideal  si no te empeñas en convencer a los demás, sin considerar que eso también es una forma de dominación. No sé cuánto tiempo me tome entender que puedo acercarme a cierta versión de la verdad, en la medida que acepte las infinitas versiones de los demás. Sé que resulta imposible abarcarlo todo, pero me sentiría nefasto si no hiciera por lo menos el intento de contemplar el mundo de otra manera. Pienso que es la virtud subrepticia de los nacidos en un paréntesis, la capacidad de colectar lo mejor de varios mundos, pues toda lógica de vida es divina. Uno quiere su cuerpo en la medida que acepta que no es como el de otros; uno abraza su cuerpo con la misma intensidad que necesita para aferrarse al otro.

Alexander Urrieta Solano

Valle de Caracas, 11 de abril de 2016

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La secta de los treinta

El manuscrito original puede consultarse en la Biblioteca de la Universidad de Leiden; está en latín, pero algún helenismo justifica la conjetura de que fue vertido del griego. Según Leisegang, data del siglo cuarto de la era cristiana. Gibbon lo menciona, al pasar, en una de las notas del capítulo decimoquinto de su Decline and Fall. Reza el autor anónimo:

“… La Secta nunca fue numerosa y ahora son parcos sus prosélitos. Diezmados por el hierro y por el fuego duermen a la vera de los caminos o en las ruinas que ha perdonado la guerra, ya que les está vedado construir viviendas. Suelen andar desnudos. Los hechos registrados por mi pluma son del conocimiento de todos; mi propósito actual es dejar escrito lo que me ha sido dado descubrir sobre su doctrina y sus hábitos. He discutido largamente con sus maestros y no he logrado convertirlos a la Fe del Señor.

 »Lo primero que atrajo mi atención fue la diversidad de sus pareceres en lo que concierne a los muertos. Los más indoctos entienden que los espíritus de quienes han dejado esta vida se encargan de enterrarlos; otros, que no se atienen a la letra, declaran que la amonestación de Jesús: Deja que los muertos entierren a sus muertos, condena la pomposa vanidad de nuestros ritos funerarios.

»El consejo de vender lo que se posee y de darlo a los pobres es acatado rigurosamente por todos; los primeros beneficiados lo dan a otros y éstos a otros. Ésta es explicación suficiente de su indigencia y desnudez, que los avecina asimismo al estado paradisíaco. Repiten con fervor las palabras: Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan, que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? El texto proscribe el ahorro: Si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad.

»El dictamen Quien mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón es un consejo inequívoco de pureza. Sin embargo, son muchos los sectarios que enseñan que si no hay bajo los cielos un hombre que no haya mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adulterado. Ya que el deseo no es menos culpable que el acto, los justos pueden entregarse sin riesgo al ejercicio de la más desaforada lujuria.

»La Secta elude las iglesias; sus doctores predican al aire libre, desde un cerro o un muro o a veces desde un bote en la orilla.

»El nombre de la Secta ha suscitado tenaces conjeturas. Alguna quiere que nos dé la cifra a que están reducidos los fieles, lo cual es irrisorio pero profético, porque la Secta, dada su perversa doctrina, está predestinada a la muerte. Otra lo deriva de la altura del arca, que era de treinta codos; otra, que falsea la astronomía, del número de noches, que son la suma de cada mes lunar; otra, del bautismo del Salvador; otra, de los años de Adán, cuando surgió del polvo rojo. Todas son igualmente falsas. No menos mentiroso es el catálogo de treinta divinidades o tronos, de los cuales uno es Abraxas, representado con cabeza de gallo, brazos y torso de hombre y remate de enroscada serpiente.

»Sé la Verdad pero no puedo razonar la Verdad. El inapreciable don de comunicarla no me ha sido otorgado. Que otros, más felices que yo, salven a los sectarios por la palabra. Por la palabra o por el fuego. Más vale ser ejecutado que darse muerte. Me limitaré pues a la exposición de la abominable herejía.

»El Verbo se hizo carne para ser hombre entre los hombres, que lo darían a la cruz y serían redimidos por Él. Nació del vientre de una mujer del pueblo elegido no sólo para predicar el Amor, sino para sufrir el martirio.

»Era preciso que las cosas fueran inolvidables. No bastaba la muerte de un ser humano por el hierro o por la cicuta para herir la imaginación de los hombres hasta el fin de los días. El Señor dispuso los hechos de manera patética. Tal es la explicación de la última cena, de las palabras de Jesús que presagian la entrega, de la repetida señal a uno de los discípulos, de la bendición del pan y del vino, de los juramentos de Pedro, de la solitaria vigilia en Gethsemaní, del sueño de los doce, de la plegaria humana del Hijo, del sudor como sangre, de las espadas, del beso que traiciona, de Pilato que se lava las manos, de la flagelación, del escarnio, de las espinas, de la púrpura y del cetro de caña, del vinagre con hiel, de la Cruz en lo alto de una colina, de la promesa al buen ladrón, de la tierra que tiembla y de las tinieblas.

»La divina misericordia, a la que debo tantas mercedes me ha permitido descubrir la auténtica y secreta razón del nombre de la Secta. En Kerioth, donde verosímilmente nació, perdura un conventículo que se apoda de los Treinta Dineros. Ese nombre fue el primitivo y nos da la clave. En la tragedia de la Cruz —lo escribo con debida reverencia— hubo actores voluntarios e involuntarios, todos imprescindibles, todos fatales. Involuntarios fueron los sacerdotes que entregaron los dineros de plata, involuntaria fue la plebe que eligió a Barrabás, involuntario fue el procurador de Judea, involuntarios fueron los romanos que erigieron la Cruz de Su martirio y clavaron los clavos y echaron suertes. Voluntarios sólo hubo dos: El Redentor y Judas. Éste arrojó las treinta piezas que eran el precio de la salvación de las almas e inmediatamente se ahorcó. A la sazón contaba treinta y tres años, como el Hijo del Hombre. La Secta los venera por igual y absuelve a los otros.

»No hay un solo culpable; no hay uno que no sea un ejecutor, a sabiendas o no, del plan que trazó la Sabiduría. Todos comparten ahora la Gloria.

»Mi mano se resiste a escribir otra abominación. Los iniciados, al cumplir la edad señalada, se hacen escarnecer y crucificar en lo alto de un monte, para seguir el ejemplo de sus maestros. Esta violación criminal del quinto mandamiento debe ser reprimida con el rigor que las leyes humanas y divinas han exigido siempre. Que las maldiciones del Firmamento, que el odio de los ángeles…”

El fin del manuscrito no se ha encontrado.

Jorge Luis Borges – El libro de Arena (1975)

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“Poco puede esperarse, verbigracia, de un gobernante que alguna vez, aun cuando sea por modo oscuro, no se ha preocupado por el principio primero y el fin último de las cosas todas, y sobre todo de los hombres, de su primer por qué y de su último para qué.”

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Miguel de Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida

 

Intelecto Polarizado

(El país es cómo lo vemos nosotros: una punta roma para intelectuales opositores)

En la Venezuela Polarizada de hoy… Estamos ante el típico intelectual que usa la política para hacer comedia y no la comedia para hacer política, como creo debería ser (?). Estamos ante el típico intelectual que profesa sus más profundos resentimientos (e inclinaciones políticas) frente a un público adulador, que responde al unísono: “sabias reflexiones…pero qué hombre tan honesto e inteligente” “Un verdadero venezolano” “Habla desde la pura verdad”. Estamos ante el típico intelectual, que usa su poder de difusión para reproducir y legitimar lo que tanto critica…En la medida que despotrica se va convirtiendo en lo que más odia; pero estos artífices del saber y del humor, a lo mejor se escudan en la idea de que “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”; si lo vemos de este modo, entonces sus ideas son completamente válidas e irrisorias, pero entonces me pregunto si desde el podio donde los venezolanos tienen montado a estos hombres de méritos y fama, acaso recuerdan de dónde vienen, o se pregunta de vez cuando quiénes son. El endiosamiento de su pueblo los obliga a ser perfectos hasta en días de pedantería.

El típico intelectual, con el rasgo divino que caracteriza a toda celebridad, tiene la potestad, e incluso hasta el lujo, de crear sus propias matrices de opinión, tener la capacidad de manipular a los demás: de convencer en la medida que produce empatía, y decir con sus propias palabras cómo nos sentimos todos, porque esa es otra, la autoridad puede generalizarlo todo, pues sus palabras son absolutas; tal es el caso de un hombre con poder, que logra sin ningún inconveniente, establecer una barrera clara entre lo que Somos nosotros y lo que desgraciadamente son Ellos (a modo de chiste, claro): mientras no seamos como Ellos estamos bien. Hombres osados, pero convencidos de su verdad ¿Cuál es la intención de estos preclaros venezolanos, que en entrevistas de radio y presentaciones multitudinarias hablan de ciudadanía, ilustración, ética, orden y progreso, mientras usan la palabra cultura a su favor, de la manera más banal posible? ¿Un complejo colonial inusitado? ¿Auspician sin saber la polarización y la idiotez colectiva? ¿Acaso buscan elevar su rating en la medida que anulan la conciencia crítica, porque detestan que alguien venga y les recuerde lo poco que saben y lo mucho que ignoran? ¿Qué tipo de ideas transformadoras invaden a estos hombres tan inteligentes y respetados, que hablan de tiranía y libertad de expresión desde una cuenta de twitter o una plaza repleta de borregos desesperados por cambiar? ¿Será que cuando uno transciende y se acomoda en la memoria de un pueblo nos podemos dar el lujo de ser demagogos, e incluso hasta estúpidos, porque al final lo que buscamos es hacer reír a los demás? (el pueblo no necesita pensar, pues para algo tiene a sus preclaros), seguro que con todo lo que han aprendido les basta para seguir siendo autoridades en este país mediocre, donde al parecer cualquier criatura de Dios puede ser lo que sea…lo importante es tener un bando y defender la “libertad”, ¿de culto o pensamiento?

¡Mírennos, somos un pueblo ignorante dispuesto a Cambiar!

¡Trabajemos con los mismos puntos de vista para preservar, pues el futuro está en el pasado!

¡Les vamos a demostrar que con un montón de lo mismo marcaremos la diferencia!

Pienso que un buen comediante (intelectual) es aquel que critica en la medida que nos pone a todos en ridículo, porque a veces entramos en cuestionamiento más por la risa que por la reflexión, y más en este país “alegre y bonchón” donde al parecer la introspección no sirve para absolutamente nada, porque es más sencillo echarnos la culpa y decir que somos un pueblo mestizo. Este país está lleno de intelectuales petulantes y faranduleros, que hablan de unión y progreso pero sólo para aquellos que den visto bueno a sus comentarios, sin importar lo nocivo y nefasto de sus discursos; no importa si se siembra odio, o si se exalta un rimbombante endorracismo imperial, al final todo es comedia, y se supone que nos tenemos que reír todos (?). Si estos señores son la máxima referencia del sano intelecto y meritocracia adquirida entonces, ¿qué se supone que somos nosotros? Cualquier vaina, dirán ellos, cualquier cosa, diremos nosotros. Son mis palabras en contra de los hombres más inteligentes de Venezuela, de los tipos con títulos y doctorados, que comentan desde un programa radial mañanero que el problema de este pueblo “es la cultura del venezolano”, “que no somos como los demás”. Una sabiduría domesticada al servicio de los intereses del sistema, no existe un mínimo esfuerzo por ver el mundo de otro modo. Los problemas radican quizá en nuestra manera de compararnos con el resto del mundo, ¿todavía hay necesidad de legitimar el discurso del Desarrollo, o el nefasto caso del Tercer mundo, o la incómoda viveza criolla? ¿Vivimos en el país más ambiguo del mundo? ¿Aquí hubo edad media? Lo aterrador de todo este asunto, es que hasta los saberes y formas de ver el mundo son impuestos; y digamos que la visión “normal” de las cosas resulta ser siempre la forma más escueta y tonta de las miles que existen. El mérito se gana, pero gran parte del tiempo se paga, por ahí vemos la estafa del sistema educativo. Supongo que la meritocracia descarta cualquier opinión válida proveniente del anonimato virtual ¿Quién soy yo para hablar tanta paja?

Gracias, intelectuales polarizados, deberían existir más hombres como ustedes, tan claros y lúcidos de su contexto actual…tan claros de su papel en la historia. Por personas como ustedes sé, que el país va por el buen camino, y que nunca nada de esto va a cambiar; la prueba está en los comentarios de la gente que aprueba y comparte cada creación de su autoría, deben sentirse inmortales e incluso hasta inmaculados; mientras la gente siga pagando y adorando, no tienen por qué re-plantearse nada, salvo algo para el crecimiento personal; comprendan intelectuales polarizados que la diferencia forma parte de un todo, y sin embargo, ustedes han convertido la otredad en un chiste exclusivo y destructivo, un argumento no-válido para el porvenir, un ejemplo de lo que no debe ser ni hacerse. “La voz del pueblo, es la voz del cielo”. El primer paso para poner en ridículo a los demás, es ponernos en ridículo a nosotros mismos.

Alexander Urrieta Solano

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Niebla

Ahora que tenemos cambio, me pregunto si la gente estará dispuesta a cambiar de verdad. La dificultad ahora está en erradicar la barrera entre ellos y nosotros/nosotros y ellos. La polarización sin duda opaca cualquier expectativa. Tal vez puedo aspirar a sueños menos radicales, donde el bobositor y el chavistoide pasen a ser meros recursos literarios del pasado. Digamos que este pueblo ignorante no es del todo ignorante, porque vive de pequeñas dosis de nostalgia, que después olvida, cuando sus héroes se equivocan por cualquier razón, ellos no merecen nuestro perdón, pues ante nosotros su deber es ser perfectos, (estas son vainas que nunca voy a entender de este país). Con mesías y cultos irreversibles hemos forjado la identidad de un pueblo. Terrible es asumir que somos una generación normal, pero mucho más terrible es no aceptar que venimos con defectos de fábrica, nuestra otredad ha sido inventada (he aquí la desventaja de no saber de donde venimos), cualquier político de prestigio o intelectual de pacotilla se aprovecha y nos embarra un relato fantasioso: el típico discurso del país de las grandes riquezas, mujeres hermosas (y no le pongan play a la maldita canción de Alma llanera, que ya me tiene harto con sus hermanos de espuma)… Creo que estamos cansados de caernos a coba nosotros mismos, (o tal vez sea necesario vivir de ilusión). Mi preocupación está en que la euforia y el delirio siempre han sido nuestra piedra en el zapato. Nos quedamos siempre en el optimismo lírico, inflamos el ego llamándonos Venezuela cada vuelta al sol, (o cuando el azar juega a nuestro favor). No podemos creer que las cosas son tan fáciles (no deberían serlo). Con cortar una cabeza bien sabemos que no matamos a la hidra. Sin pensamiento crítico el cambio seguirá siendo inaccesible, y hasta imposible. Seguiremos frustrados ante el cambio que no logramos culminar, porque nunca quisimos aceptar que desde el principio estuvimos mal. Mientras no exista confrontación para el diálogo seguiremos perdiendo el tiempo; nuestros esfuerzos se irán en una publicación que busca dañar al otro, el potencial de acción reducido a montajes balurdos y mediatismos, pues lo que prolifera en las glorias son los idiotas y borregos que cantan victoria sin medir las magnitudes del porvenir. Me preocupa la ingenuidad con que llegamos a asumir nuestros logros colectivos, porque ahora que somos Venezuela pues, me puedo dar el lujo de hablar por todxs. Perdonen el pesimismo pero temo que el cambio haya sido de tinte y no de forma; el odio a diferencia de la alegría es un problema estructural que no se encuentra con facilidad. Pienso que más aprendizaje sacamos de nuestras derrotas; las victorias son efímeras y banales, nadie se detiene a dar planteamientos sobre ella. Insisto, los problemas empezaron cuando se creyó tener la razón. Vamos a ver si logramos salir de nuestro karma histórico, mientras somos capaces de re-plantearnos la realidad; quizá cambiando las formas de vernos tal vez encontremos puntos medios: contrastes más cálidos, donde los problemas no sean evadidos con humor déspota ni rancio proselitismo político. Al menos hacer el intento, el mínimo esfuerzo de ser menos estúpidos cada día, aunque se pida demasiado a los cielos, pues hasta Dios (si es que existe) está saturado de nuestra idiotez que parece costumbre heredada. Que el “cambio” no se quede en un simulacro democrático, recordemos que la dictadura de la mayoría tienes sus ventajas y desventajas…Entonces, mi querido Otro-Venezolano-Polarizado ¿Sólo por estar de frente hay que enfrentarnos? No lo creo. Si quieres un puente, te lo doy, pero que no sea por sumisión invocada, sino por convicción reaccionaria.

Inventamos o erramos, pero haciendo lo mismo no iremos a ningún lado.
Feliz inicio de semana, y sopórtenla con el consumismo.

Un abrazo, desde este Valle incomprendido.

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Alexander Urrieta Solano