Apuntes para un taller

I

El blog es una especie de taller donde plasmamos cosas que dejan de pertenecernos. Un ejercicio virtual para no salir de la rutina; publicar nos hace sentir que al menos se hace algo con el ocio. Igual no importa. Hay tantas cosas que ahora todas parecen ser determinadas por el azar. Uno trata de darle una explicación cósmica a cualquier cosa que nos resulte trascendental en nuestro día a día. Rutina mecanizada y drástica, vamos justificando las dichas, como tratando de sobrellevar las lagunas que provoca el instante.

Uno escribe siempre pensando en un potencial lector, un otro distante, desconocido o tal vez cercano. Se supone que todo forma parte de un entrenamiento, letra y pulso, no olvidemos que el músculo más fuerte del cuerpo es la lengua… qué tanto practicamos, de qué forma hacemos uso de las palabras. Yo me pregunto: ¿Somos de esos pueblos condenados a vivir de la nostalgia, o la repetición laudatoria? Acaso es un rasgo absoluto. Entonces, re-inventar todo resulta un imperativo forzoso. Empresa titánica la de impensarnos fuera de toda narrativa de fracaso. Como que hay que estar a la par del mundo en constante movimiento: pretender que descubrimos el agua tibia, cuando ahora todo gira en función de una economía del plagio.

Leí una vez que las grandes ideas se escribieron en el siglo XIX, lo que ahora vemos es un refrito de lo pensado, el reciclaje de la originalidad, que se codea con la ignorancia y el mal gusto de las masas esquizofrénicas, que viven en la sublime amnesia que produce el porvenir. Por suerte lo fantástico se alimenta de la inagotable imaginación de los seres humanos. Imaginación, punto de partida, matriz de los hechos, macrocosmo del proceso creativo. Y yo que nunca he escrito un cuento dejo a la voz pública el registro de mi derrota. Escribir por escribir cumple sus funciones terapéuticas.

II

Pienso que esta ciudad dentro de sus ínfulas de ser única, se asemeja a cualquier otra ciudad del resto del mundo, ¿o es que el deterioro sólo se encuentra en el bajo “tercer” mundo? ¿Hasta cuándo asumir las mentiras del hombre blanco? ¿Hasta cuándo creernos plenos borregos en esta dictadura de pensamiento? Naciones soberbias encerradas en su propia exaltación. Occidente es un pandemónium de bestias y dioses, pues cada pueblo tiene lo suyo. Las ciudades en occidente, todas, son un espacio destinado a la aculturación. A esa soledad de apartamento que asfixia. Se vive del pipazo y la arcilla, la compañía de los libros y el reproductor eterno, del disco eterno, que narra la vida breve, fugaz y estática… Rincón de universo es el cuarto de uno. Lentamente se vuelve una jaula de hierro, y vamos repitiendo los conjuros para poco a poco ir desapareciendo.

III

Casi siempre olvidamos la conclusión. Todo sucede tan rápido que no hay momento para reflexiones más extensas, pues por los momentos uno está convencido de haberlo dicho todo: aparentemente todo. Instantes fugaces como orgasmos, el lugar común que nos recuerda lo mucho que uno desea su cuerpo, y lo mucho que necesita estrecharlo con otro. No quiero tampoco caer es discusiones corporales. El fin nos obliga a postergar estas ideas para otro momento. Debo seguir trabajando en ellas. Siempre queda algo por decir (?)

Alexander Urrieta Solano

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Corporación militar

La unión cívico militar: oración pedante y nociva que sólo puede provenir de mentes bélicas y enfermas de poder. La gran estafa del “neoliberalismo rojo”, auspiciado por milicos que no sienten vergüenza de salir a la calle con su disfraz de aceituna verde, insultándonos con su Guardia del Pueblo, y el pavoso Honor es su divisa. Van destruyendo todo lo que tocan, patrocinando su monopolio de la violencia y el respaldo de un legado contradictorio, que sólo les sirve como retahíla para sacar provecho de la necesidad ajena; engañan en resguardo de sus intereses egoístas. El estado supo engendrar a sus parásitos. Los dotó de armas y dinero. Ahora tienen bancos personales, enormes camionetas, sucursales privadas, restaurantes, espacios “recuperados”, quintas y centros comerciales. Ni el honor ni la expiación más grande puede renunciar a tanto lujo ingrato. El milico empresario acumula su fortuna abusando de las necesidades de los que son más… aplicando su único método: el pragmatismo troglodita, el control del hambre y la miseria.

La unión cívico militar demuestra que las balas son mayor prioridad que las palabras, puesto que son veloces e invisibles. Y estos anfibios condecorados, que les cuesta caminar por tanto medallero y mérito encima, no se conforman con vivir bien, al contrario, como que disfrutan saturar a sus oprimidos con sus trastornos e ínfulas de grandeza. Propagan su odio por la radio y la televisión, como si todos formáramos parte de esta acumulación de odio; igual pienso que todos somos cómplices de este embrutecimiento colectivo, (cada quien en lo suyo debe asumir su barranco: su enfermedad individual)… Cuánto dinero y tiempo desperdiciado en un culto al pasado, lleno de vagas hazañas, una necesidad compulsiva de destacar glorias ficticias. Este repudio que siento por los milicos quedará por siempre cristalizado, difícil será olvidar tanto mal rato, y puedo asumir que para muchos otros también lo será. Sus fechorías se ocultan en el relato invariable bolivariano, que en cada gobierno de turno ha sido el argumento de dominación por excelencia. Sin embargo, ya ni la epopeya sirve para esconder el despilfarro de codicia y estupidez de este país ignorante de su historia. Bolívar y toda esta tradición de alabanzas y gracias hacia los militares se ha vuelto un obstáculo molesto y desagradable.

Es preciso replantearnos esa sugerencia enervante del Gendarme necesario ¿Acaso un país necesita de tantos milicos? ¿Vale la pena invertir la vida en seguir órdenes sin pensar por uno mismo? ¿El orden se garantiza en las armas? Puras políticas pensadas desde la fantasía democrática/revolucionaria, y me atrevo a decir que esta torpeza es histórica, pues todos hemos pecado bajo el yugo asfixiante de los héroes libertarios, que cada día se hacen más sintéticos y moldeables. Que nos nos sorprenda que Bolívar, así como el oro negro, hayan sido nuestros mejores productos de exportación ¿A costa de qué seguimos divagando en lo mismo? Un culto patético cuyas últimas consecuencias se ven reflejadas en esta asquerosa definición de unión cívico militar, en la gran estafa de la independencia y el estado mágico-soberano. Y esta muletilla discursiva es tan terrible, que tanto chavistas como opositores la necesitan para subsistir, pues al parecer ha sido por la lucha absurda y la exclusión que se ha ido improvisando este país de grandes riquezas y mujeres hermosas, (me falto decir que polarizado también). Considero pertinente elaborar estas interrogantes: ¿La tradición milica está arraigada a nuestra identidad, así como el humor rancio y ese complejo de negarnos a nosotros mismos? La frustración de no poder ser como otros “mejores y superiores” la estamos pagando caro. En la tiranía del pensamiento resulta imposible ver las cosas de otra manera. ¿Es posible tocar más fondo? ¿Qué clase de sádicos controlan este país? ¿Qué tipo de egoísmo se macera en cada uno de nosotros?

Alexander Urrieta Solano

Apuntes sobre el club de la pelea.

“Death seed blind man’s greed
Poets’ starving children bleed
Nothing he’s got he really needs
Twenty first century schizoid man.”

King Crimson – 21st Century Schizoid Man

Para este ensayo tomaremos como punto de partida el estudio de la película Fight Club (El club de la pelea), dirigida por David Fincher en el año 1999. Articulándola con las ideas de Marx, Durkheim, Weber, Simmel y Marcel Mauss, trataremos de darle una explicación sociológica a esta narrativa cinematográfica.

I Sociedad de consumo. Metrópolis y vida mental

La saturación de la sociedad de consumo envuelve al protagonista del filme en una profunda soledad citadina. El personaje asume su condición de hombre absurdo que todos los días está condenado a cumplir las mismas tareas; lo alienan y producen en él una sensación de extrañamiento con el mundo. Una subordinación a los objetos: el fetiche de sus logros como hombre común. Según Marx, “esta dialéctica entre el sujeto (el hombre en sociedad) y el objeto (el mundo material), en el cual los hombres subordinan progresivamente el mundo material a los objetivos de ellas, con lo cual van transformando estos mismos objetivos en necesidades” (Giddens, 1998:61); el insomnio y la desesperación es uno de los tantos síntomas que padece el protagonista de Fight Club, un ser gastado por la rutina de su oficio. “Al alienarse de su propia actividad, entrega el poder sobre esa actividad a un extraño” (Marx, 1974:63).

La mayor parte de los hombres pasa su vida precariamente instalada en habitaciones transitorias y masivamente construidas…El ritmo de la vida individual pierde autonomía y espontaneidad y distinción cuando queda atrapado en una corriente de tránsito y debe marchar de acuerdo con la velocidad del camino…Semáforos que nos dicen cuándo parar y cuando seguir la marcha; parece que manejamos cuando en realidad somos manejados (Van den Haag, 1974:128).

El individuo es el objeto más cuidadosamente fabricado por el sistema capitalista. La cultura occidental parece montada sobre la nostalgia de “uno”, sobre la identidad (Ibañez, 1992). Los individuos se vuelven seres sin importancia colectiva, de ahí quizá la necesidad de definirnos a costa de los demás: de crear desesperadamente un otro que nos defina en los espacios de la metrópolis. La división burocrática del trabajo, en términos de Weber, constituye la “jaula” en que se obliga a vivir a los hombres modernos. La sociedad de consumo sumerge a los individuos al régimen de la rutina mecanizada, que altera la vida mental dentro de las metrópolis. Para el estudio del paradigma de la ciudad, George Simmel se apoya en un sistema de oposiciones, contrastes y conflictos:

En su opinión la ciudad metrópoli, sede de la división del trabajo, la economía de mercado y la compartimentación burocrática, fragmenta al sujeto colectivo. Los valores comunitarios revientan. La metrópoli afecta la vida mental del individuo, cercena su experiencia anímica: lo instala en la weberiana “jaula de hierro” de la cultura objetiva y, en ocasiones, en los intersticios de los mundos paralelos. Como en Durkheim, el advenimiento de la sociedad industrial, ocasiona en el sujeto en tránsito, de lo rural a lo urbano, de lo tradicional a lo moderno, un colapso de personalidad (Cajas, 2009:70).

El individuo está inserto en el colectivo y la deuda por definirse es endémica y grotesca. El viaje al interior de nosotros mismos pronostica pesadilla y terror. La libertad se hace costosa a medida que nos vamos adentrando en nosotros mismos. La idea de estabilidad es poderosa, y más cuando se busca en los confines de la ciudad. La libertad es el recurso indispensable de la imaginación. La ciudad es el espacio ilusorio por excelencia; es una suerte de parque temático que recrea lugares y tiempos que no le pertenecen. Condiciona a sus habitantes a la rutina mecanizada: a la máxima secular de que el tiempo es dinero.

La primera característica de la moderna civilización maquinista es su regularidad temporal. Desde el momento de despertar, el reloj marca el ritmo del día…la reducción del tiempo y el espacio, la normalización de la producción y los productos, la sustitución de la habilidad por el automatismo, y el aumento de la interdependencia colectiva son, en suma, las características esenciales de nuestra civilización maquinista (Mumford, 1974: 71).

Es necesario subrayar que la metrópolis es el terreno genuino de esta cultura que crece más que la personalidad (Simmel, 1974). La ciudad viene a ser la compresión del espacio. Es la síntesis vuelta estructura tangible de todo el discurso moderno, dotado de instituciones que tienen como finalidad amoldarnos y hacernos aptos para vivir en ella. Ajustarnos a un modo de vida racionalizado que está por encima de los impulsos y gustos individuales. Fight Club viene a ser una crítica a la condición esquizofrénica del hombre moderno dentro de la metrópolis, y sus últimas consecuencias.

Las ciudades son, en principio, la sede de la más elevada división económica del trabajo…Las condiciones decisivas de la división del trabajo…obligan al individuo a especializarse en una función de la que no pueda ser fácilmente desplazado por otros. Es decisivo que la vida ciudadana haya reemplazado la lucha contra la naturaleza por la supervivencia, por la lucha interhumana, por la ganancia…Todo esto constituye la transición hacia la individualización de los rasgos mentales y psíquicos, que la ciudad provoca en proporción a su tamaño (Simmel, 1974:114-115).

El protagonista en su condición absurda busca actividades somáticas para soportar el peso de su rutina, pasando de la autoayuda grupal, a la destrucción individual y colectiva. En este mismo orden de ideas, es importante mencionar la ruptura que sufre la cotidianidad del protagonista con la llegada de dos personajes cruciales para toda la trama del filme: Marla Singer, la otredad femenina, objeto de deseo negado y vínculo afectivo con la realidad; y por otra parte está Tyler Durden, un vendedor de jabón que conoce al protagonista en un avión, que viene a ser el antagonista y la representación del antihéroe moderno, el desviado por naturaleza.

II La casa, rincón de la trama.

Son interesantes las alegorías que podemos exponer a partir de una interpretación de los espacios dentro del filme. El protagonista, obsesionado con los productos de una compañía de inmuebles, construye su casa ideal: ilusión de estabilidad dentro de la sociedad de consumo. Un apartamento lujoso repleto de objetos, que luego es consumido por las llamas de un incendio. Este suceso marca un arranque crucial en el desarrollo de la historia, puesto que obliga al protagonista a desplazarse a otro lugar: al espacio de Tyler: una casa abandonada y en ruinas, relación directa que toca el deterioro mental del protagonista y su realidad.

La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre razones o ilusiones de estabilidad. La casa es, más aún que el paisaje, un estado del alma (Bachelard, 2010). La Casa de la calle Paper se convierte en el espacio donde se desarrollan los personajes del filme. Esta viene a ser el rincón de universo donde el protagonista construye su ensueño y macera su locura. Todo esto en la medida que propugna su destrucción.

El interior de la casa adquiere un sentido real o imaginario de intimidad, de secreto o de seguridad. Cada rincón de la casa cumple un objetivo en particular donde conviven los personajes: habitaciones, el sótano, la cocina y el jardín. Dentro de sus límites está la posibilidad de construir toda una red de situaciones reales y ficticias. “El espacio adquiere un sentido emocional e incluso racional por una especie de proceso poético a través del cual las extensiones lejanas, vagas y anónimas se llenan de significaciones para nosotros, aquí” (Said, 2010:87).

Dedicamos un segmento especial a la casa puesto que es donde se desarrollan hechos puntuales que nos abren a la psique de los personajes y la continuidad de la historia. La casa, para los personajes, es un espacio que revela hechos y alberga recuerdos. Tenemos por ejemplo el baño: lugar íntimo y pequeño, donde Tyler y el protagonista hablan sobre su pasado. La ausencia del padre los une en un sentimiento común, cosa que explica tal vez la negación a toda figura de autoridad, producto del abandono, que a su vez define la soledad de los personajes, que se buscan y se necesitan mutuamente. Otra escena particular dentro del mismo espacio es la caída del diente del protagonista. Los dientes, se les podría designar como el primer ordenamiento, no siempre de manera visible, pero sí cuando se abre la boca. Los dientes al estar ordenados se traducen en la esencia del poder en general (Canetti, 2010). Que un diente del protagonista se desprenda y se pierda en el lavamanos señala el primer indicio de desorden en la identidad. La sugerencia de inestabilidad dentro del filme puede tocarse desde su extracción dental.

El sótano es uno de los espacios más sugerentes. Es ante todo el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos (Bachelard, 2010).  En la casa de Tyler cuando llueve el sótano se inunda (se producen lagunas); hay una escena particular donde el protagonista dice: “every time it rained, we had to kill the power”, es decir, cortar la luz.  Todo se hace a oscuras. Lo subterráneo controla fuera de sus dominios. El sótano encuentra una totalidad por la profundidad: por el inconsciente.

III Los que se piensan como grupo

En la actualidad el cuerpo viene a ser un compendio de imágenes.  La inconformidad del protagonista lo lleva a construir una suerte de alter ego, dotado con todas las características que el mismo dentro de la realidad no puede cumplir. Crea un héroe ideal, o en este caso un antihéroe ideal. Desde un otro creado a partir de él, encuentra todos los recursos necesarios para que el mundo sea como él quiere. Produce un desplazamiento de la responsabilidad del yo. En sentido general, es dos veces otro: el hombre corriente preso de sus necesidades materiales; y está el otro, ser que se define por un apetito voraz por el caos.

Hay que prestar atención al discurso que se construye en torno al cuerpo dentro del filme. Diariamente se nos presentan cuerpos esculturales. El cuerpo es maltratado o manipulado en determinados acontecimientos sociales que lo toman estrictamente como objeto (Augé, 2004).

Gran parte de la actividad ritual guarda relación con el cuerpo individual. En algunos casos, este vínculo del cuerpo individual con el cuerpo social se inscribe por el propio cuerpo (circuncisión, excisión, escarificación, etcétera), que significa a la vez la identidad individual y la relación con los demás, precisamente por la relación con los demás (2004:68).

Tomamos por ejemplo todo el conjunto de órdenes que definen al Club de la Pelea: el enfrentamiento de los cuerpos entraman toda una economía del dolor, de liberación y catarsis colectiva. Podemos decir que los rituales constituyen una suerte de Potchland, cuyos elementos fundamentales son el honor, el prestigio, la riqueza y la obligación de devolver estos dones. “La relación del don envuelve tres obligaciones, de dar, de recibir y de devolver” (Mauss, 1971: 204). Esta intersección produce un círculo vicioso de derroche, una competencia agonística, pues está regulada por la ley de exceso y pérdida, recibir implica la obligación de devolver más (Ibañez, 1992). Los dones en el filme son traducidos en golpes y mezcla de sangre. Lastimar y ser lastimado, comprenden un conjunto de prácticas recíprocas que definen al Club, que después experimenta su metamorfosis al momento de definirse como Compañía. Todo esto, sin nunca perder su condición de secta, pues opera de manera subrepticia, y sus relaciones culturales se basan en el secreto y los actos vandálicos nocturnos, que afianzan los lazos de solidaridad mecánica dentro del grupo, usando el término de Durkheim. Estos vínculos de cohesión tienen una estructura agregada o segmentaria, es decir, se componen por grupos de clan que son muy semejantes entre sí por su organización interna: su unidad como un conjunto de ideas y sentimientos comunes (Giddens, 1998).

El hombre rebelde asume su papel como agente de caos, representado directamente en la figura de Tyler, personaje detonante que impulsa al protagonista a crear el Club de la Pelea. El Protagonista actúa como si en él no existiera ningún otro, sin embargo mientras se va desarrollando la película vemos cómo este construye una doble alteridad que le permite transgredir las normas, acto que se traduce en liberación. De ahí radica el poder que produce, y el estado de hipnosis en el que sumerge a todos los miembros del club, ya sea por su obsesión monomaníaca, o por la dominación que puede llegar a producir por su carisma. Carisma que Max Weber define como:

La cualidad de una persona individual considerada como una cualidad extraordinaria…El elemento que determina la efectividad del carisma es el reconocimiento de sus sometidos. Se trata de un reconocimiento libre, nacido de la entrega a una revelación, al culto del héroe, y garantizado por una prueba, que originariamente era siempre un milagro (2012: 121-122).

La primera barrera que hay que superar es la tiranía del cuerpo. Tyler como representación de la ruptura y desarrollo de  la trama, propone la autodestrucción como forma de liberación. La renuncia material como forma de resistencia. Hay que ver la relación simbólica que juega el jabón dentro de los sucesos en el filme. El jabón entendido como un objeto para purificar y limpiar el cuerpo, pero a su vez, un producto cuyos ingredientes también pueden provocar la destrucción: la glicerina como base de la higiene y la dinamita.

El club incrementa en la medida que viola sus propias reglas: “Do not talk about the fight club”. Se piensan como un grupo destinado a propagar el terror: el quiebre definitivo del sistema emprendido por el Proyecto Caos. El grupo opera en lo oculto, dentro de los límites de la casa en la calle Paper. La identidad individual de cada miembro se trasmuta a la identidad de la Compañía de Jabones (Paper Street Soap Company). Todos se piensan y se sienten como parte de una totalidad que auspicia su propia destrucción. Todo basado en su condición clandestina, rasgo característico de una secta.

Se distinguen por la concentración de un escaso número de mandamientos y prohibiciones; también sobre pequeños grupos de prosélitos que se conocen entre sí perfectamente bien. También está concentrada al máximo su disciplina, el reconocimiento y adoración de un Cristo viviente entre ellos (Canetti, 2010: 375).

Bibliografía

  • Augé, Marc. (2004). ¿Por qué vivimos? Por una antropología de los fines. Editorial Gedisa, España.
  • Bachelard, Gaston. (2010). La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica, México.
  • Cajas, Juan. (2009). Los desviados: cartografía urbana y criminalización de la vida cotidana. MA Porrúa librero-editor, México.
  • Canetti, Elias. (2010). Masa y Poder. Alianza Editorial, España.
  • Giddens, Anthony. (1998). Capitalismo y la moderna Teoría Social. Idea Books, España
  • Ibañez, Jesús. (1992). Más allá de la sociología. El grupo de discusión: técnica y crítica. Siglo XXI Editores, España
  • Marx, Karl. (1974). “El trabajo alienado”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Mauss, Marcel. (1971). “Ensayo sobre los dones, razón y forma del cambio en las sociedades primitivas”, Sociología y antropología. Tecnos, Madrid.
  • Mumford, Lewis. (1974) “La rutina mecanizada”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Said, Edward. (2010). Orientalismo. Random House Mondadori, España.
  • Simmel, George. (1974) “Metrópolis y vida mental”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Van den Hagg, Ernest. (1974) “No tenemos medida de la necesidad ni la desesperación”, La soledad del hombre. Cuarta edición: Monte Ávila editores, Caracas.
  • Weber, Max. (2012). Sociología del poder. Alianza Editorial, España.

Alexander Urrieta Solano

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“El hombre no sólo quiere estar siempre; él quiere estar cuando los otros ya no estén. Cada uno quiere llegar a más viejo y saberlo, y cuando él mismo ya no esté se le ha de conocer por su nombre.”

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Elias Canetti – Masa y Poder

Fin de semestre

En este país nadie respeta el tiempo de los demás. Ya terminando el semestre caigo en cuenta de que nuestra energía se concentra en aprobar y buscar el visto bueno del maestro inquisidor, que a su vez pretende exigir algo que nunca le ha dado a sus alumnos; y esta relación es mutua y nociva; aprender es un hecho circunstancial de todo este régimen desquiciado que se hace llamar Educación Superior. Pensé que ese trauma se había quedado en el colegio, pero ahora veo que lo que se aprende en la cuna jamás se vomita. A falta de guía y pasión no tiene ningún sentido estudiar por convicción. Saturar no es enseñar, por eso ciertos trabajos finales resultan un dolor de cabeza y una pérdida de tiempo; lo único que queda es la presión de cumplir asignaturas, y en el fondo de la olla el sadismo de nuestro sistema educativo: que no sirve para absolutamente nada. La universidad no ha hecho otra cosa que producir piezas desechables, ¿alguien se ha preguntado alguna vez, si se considera un ser irremplazable? Bajo estos términos decadentes tenemos que abrir más espacio a las dudas. No podemos ser la medida de todas las cosas, ni mucho menos tapar el sol con un dedo.

La Universidad Central de Venezuela se ha convertido en un gran barco pirata. Un espacio de tránsito donde parece que el último fin es conseguir un papel que nos de legitimidad en la calle. El título parece que es lo único que vale, ya no importan las personas. Me entristece saber que la mediocridad gobierna de forma déspota en todos los rincones del país. Meter el dedo en la llaga también me condena al destierro, y sin duda a la desaprobación de mis semejantes, pero no me importa, pues he aprendido a expresar ciertas molestias mucho mejor que algunos de ellos. Por primera vez me jacto de mi arrechera.

Todo desmotiva, puesto que resulta difícil asumir que el respeto también se ha perdido. Que no nos extrañe ver tantos egresados acéfalos, la mugre que producen las pisadas de la fiesta en el Aula Magna también amerita ser probada, y cuestionada. Ante esta situación tan preocupante, me pregunto qué queda para nosotros, meros bachilleres a mitad de una carrera marginada, porque nuestra cultura meritocrática nos ha forzado a estudiar carreras que eleven nuestro estatus económico, ya que es preferible evitar todo aquello que despierte desencanto, o bombee mayor cantidad de sangre al cerebro. Eso justifica el país que tenemos (?). La formación de sociólogo me ha llevado a caminos oscuros pero esclarecedores, no obstante temo que esta condición que padezco sea irreversible. Saturar no es enseñar, es algo que he aprendido de mis maestros, al menos de los que se toman enserio su oficio. He aprendido tanto de los buenos como de los malos, sobre todo de los nefastos, pues son el vivo ejemplo de lo que reina en este país próspero de grandes riquezas y mujeres hermosas…pónganme de nuevo la cancioncita de Venezuela mientras me seco las lágrimas, porque ahora hasta el mínimo grado de lucidez parece un chiste.

Por lo menos en mi escuela hay mucha gente que sobra; la idiotez cuando se vuelve una moda, no hay elecciones partidistas que valgan, ella siempre estará allí. Igual esta prestigiosa casa de estudio ahora se encuentra cómoda y golosa bajo una buena sombra: administrada por charlatanes de cuarta y payasos de quinta. Y esta desidia es contagiosa, ahora más que nunca tenemos que estar atentos al destilado del “Cambio/Revolucionario”. Se critica el deterioro de la institución, pero nadie cuestiona el proceso embrutecedor en el que estamos sumergidos gracias a ella. Porque ahora pensar distinto parece un lujo que nos margina y nos distancia de la multitud: desagradable motor de los cambios. Es fácil sentirse cómodo en un país artificial donde reciclar ideas gastadas es la única forma de ser aceptado: soñar con la democracia petulante de los viejos dinosaurios, o el rancio socialismo del siglo XXI, que ya nadie sabe hacia dónde nos está llevando. Vivo ejemplo lo siento en mi casa de estudio, donde los líderes estudiantiles ejercen gestiones para el deleite de sus prosélitos; igual siempre podemos escoger un bando contrario, que en su ilusión de ejercer política, nos hace sentir propietarios de la verdad. Y al final el estudio sólo es un burdo oficio en segundo plano, que poco a poco iremos olvidando, cuando las ínfulas de doctor y licenciado nos hagan creer que estamos listos para comernos el mundo.

Disculpen esta descarga sin filtro pero… qué pegadera de huevo ha sido este semestre. En solidaridad con mis colegas irremplazables que todavía siguen oponiendo resistencia, ofrezco estas palabras. Sine ira, et studio.

Alexander Urrieta Solano

Los Condenados del Paréntesis

Muchas veces uno expone ciertas ideas que lo comprometen al destierro. La realidad me da argumentos válidos para seguir viendo el futuro con escepticismo. No soporto esa forma imperativa y enfermiza de sujetarnos al pretérito ¿Por qué los viejos insisten tanto en atarnos con la misma soga con la que enrojecieron sus cuellos? No he conocido un pueblo tan nostálgico y avergonzado de su propia historia como el de este país mestizo; tan consecuente en su ejercicio de recordar falsas raíces, pues le sale sencillo imaginarse un país sintético, concebido por los delirios de los vejestorios enfrascados en su vicio de orden y progreso: única alternativa de vida, porque al parecer todo era prosperidad y alegría… “Éramos felices y no lo sabíamos”; si el lamento se esconde en esta irrisoria expresión popular, me atrevo a confirmar más bien que “nunca” fuimos libres de pensar otra felicidad. Éramos, y seremos felices, bajo los efectos somáticos de la sociedad de consumo. Lo más perturbador de todo es la incapacidad de problematizar el presente sin elaborar ningún tipo de reflexión lúcida, lejos de alguna presunción polarizada que propicie la niebla entre los séquitos, que necesitan el respaldo de una voz mayor para poder pensar. Si todo tiempo pasado fue mejor, eso refuerza la idea de un presente insostenible, pues hay una necesidad de alcanzar el porvenir, recuperando eso que quedó atrás. Anhelar no tiene sentido si hay ausencia de movimiento.

Tengo miedo de este letargo insomne que irradian mis contemporáneos. Vivimos en un mundo con poco sentido de lo real. El cinismo y la amnesia esporádica son indispensables para sobrellevar el ritmo escandaloso de la segunda década del milenio; a este paso vamos acelerando nuestra extinción ¿quién se atreve a negar que nosotros procuramos comenzar primero? Hicimos nuestro mejor esfuerzo para tocar el fondo: el monopolio militar y la hegemonía de los pranatos, junto con la ficción del mercado han llevado a este pueblo a la ruina. Creo que nos entregamos deliberadamente al papel del Mejor país del mundo; desde el principio el excremento del diablo logró satisfacer nuestros más insanos caprichos. La obsesión monomaníaca de salir del sub-desarrollo, sin mencionar la invención del otro y el tercer mundo, el proyecto de naciones, empresa y sociedad de castas, la tierrua y la sifrina, adecos y copeyanos, chavistas y opositores… me atrevo a decir que nuestra compleja identidad se concentra en los certámenes de belleza y las marcas de cerveza ¿Acaso fuimos otra cosa? ¿Tiene algún sentido cardinal rendirle culto a Bolívar o a una Arepa? ¿Cómo se piensa un País, desde el tuétano, o el reflejo? Matar a nuestros dioses conlleva toda una épica del desencanto. No podemos desprendernos de nuestras cicatrices culturales, pero si engendrar antihéroes, pues la epopeya se ha quedado corta para saciar nuestras necesidades. Tampoco la corona de Barbie idiota saciará este sentir trágico de país, mucho menos los clasificatorios del mundial. Para los venezolanos, la ingenuidad ha sido siempre nuestra mayor virtud; por la risa hemos aprendido a ocultarlo todo.

La desgracia de esta generación de los noventa fue haber nacido entre un paréntesis, fin de siglo, poco nos convencen los sueños de nuestros padres, y aparte nos decepciona todo ser nacido en el nuevo milenio. Igual no podemos soslayar el uso político que le han dado los poderosos al pasado; las tiranías más grandes no se han ejercido por el control de los fusiles, sino por el dominio de las palabras: la ventaja de poder re-inventar o deformar la historia, a gusto del opresor de turno.

La modernidad ha perfeccionado la creación de engranajes. El autómata estructural se ha convertido en un rasgo connatural: sujetos embrutecidos por el alcohol y la televisión, la industria del odio y el morbo, la soledad virtual y las falsas supremacías morales. No pongo en duda que nosotros por un desfase entre un milenio y otro padezcamos cierta anomalía decadente.  Igual ahora todos somos medidos por la misma vara del mercado, burdas piezas para perpetuar el caos, y sin embargo uno hace el intento de llevar la contraria, igual la contracultura se somete al gasto y al consumo. Empresa inútil, cuando de las contradicciones se produce movimiento vital. La ontología de la felicidad radica es su imposibilidad de conservarse estática. Maldito afán de los machos racionales, que pretenden alargar el instante con cualquier artilugio moderno, que no nos impresione que busquemos agregar más horas al tiempo. La existencia es la brevedad más cuestionada del ser.

Ese gusto de portarnos como hordas. Perros sin dueño. Nos organizamos sólo para despedazar, nunca para crear. Uno predica con el ejemplo, imaginen cuánta pedagogía pública puede ofrecernos el espectáculo de la picota, el desmembramiento del otro, vil ladrón que debe pagar su incomprendida existencia… ¿qué necesidad y desesperación lleva a los hombres a robar? El linchamiento tiene para muchos un sentido práctico y terapéutico, casi orgásmico, donde la rabia se descarga sin penas ni decoro. Se cuenta con la aprobación de una multitud desquiciada que vive a gusto con la violencia. El evento convoca a sus enfermos, los roles se asumen de forma casi premeditada, se improvisa la escena: los que golpean y buscan sangre, los que gritan Desnúdenlo y quémenlo, los voyeristas que graban, pues ahora todo queda registrado para el deleite de nuestra propia miseria…y luego el momento que todos esperan: La apoteosis del fuego: La quema de Judas. Cada grito del condenado en llamas es un demonio que sale por su boca; así la muta inquisidora alcanza su redención. Hay que prestar atención al clímax de la liturgia urbana: un ambiente tenso y excitante; una alegría terrorífica, casi incomprendida, proveniente de un público histérico que sin darse cuenta ha sido poseído por nuevos demonios; sólo falta que todos como grupo vayamos corriendo hacia el abismo, pues hay que concretar nuestra historia en un suicidio colectivo, para que nos recuerden como próceres prematuros. A veces tanta estupidez resulta insoportable. Duélale a quien le duela, los tiranos y malandros también van al cielo. La hipocresía y la mentira habitan en proporciones desiguales, pero existen en cada uno de nosotros. Ese profundo odio por el otro se ha vuelto la sustancia vital del ahora. Este país polar no es una excepción a la regla, es una prueba fehaciente.

No quiero sonar fatalista. Tampoco pretendo hablar con la verdad, no puedo hacerlo, ni quiero nunca jactarme de tenerla. Hay muchas personas que hacen parcela de su verdad y viven tranquilos hasta el fin de sus días, (egoístas innatos, como las bestias polares). Ideal  si no te empeñas en convencer a los demás, sin considerar que eso también es una forma de dominación. No sé cuánto tiempo me tome entender que puedo acercarme a cierta versión de la verdad, en la medida que acepte las infinitas versiones de los demás. Sé que resulta imposible abarcarlo todo, pero me sentiría nefasto si no hiciera por lo menos el intento de contemplar el mundo de otra manera. Pienso que es la virtud subrepticia de los nacidos en un paréntesis, la capacidad de colectar lo mejor de varios mundos, pues toda lógica de vida es divina. Uno quiere su cuerpo en la medida que acepta que no es como el de otros; uno abraza su cuerpo con la misma intensidad que necesita para aferrarse al otro.

Alexander Urrieta Solano

Valle de Caracas, 11 de abril de 2016

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La secta de los treinta

El manuscrito original puede consultarse en la Biblioteca de la Universidad de Leiden; está en latín, pero algún helenismo justifica la conjetura de que fue vertido del griego. Según Leisegang, data del siglo cuarto de la era cristiana. Gibbon lo menciona, al pasar, en una de las notas del capítulo decimoquinto de su Decline and Fall. Reza el autor anónimo:

“… La Secta nunca fue numerosa y ahora son parcos sus prosélitos. Diezmados por el hierro y por el fuego duermen a la vera de los caminos o en las ruinas que ha perdonado la guerra, ya que les está vedado construir viviendas. Suelen andar desnudos. Los hechos registrados por mi pluma son del conocimiento de todos; mi propósito actual es dejar escrito lo que me ha sido dado descubrir sobre su doctrina y sus hábitos. He discutido largamente con sus maestros y no he logrado convertirlos a la Fe del Señor.

 »Lo primero que atrajo mi atención fue la diversidad de sus pareceres en lo que concierne a los muertos. Los más indoctos entienden que los espíritus de quienes han dejado esta vida se encargan de enterrarlos; otros, que no se atienen a la letra, declaran que la amonestación de Jesús: Deja que los muertos entierren a sus muertos, condena la pomposa vanidad de nuestros ritos funerarios.

»El consejo de vender lo que se posee y de darlo a los pobres es acatado rigurosamente por todos; los primeros beneficiados lo dan a otros y éstos a otros. Ésta es explicación suficiente de su indigencia y desnudez, que los avecina asimismo al estado paradisíaco. Repiten con fervor las palabras: Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan, que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? El texto proscribe el ahorro: Si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad.

»El dictamen Quien mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón es un consejo inequívoco de pureza. Sin embargo, son muchos los sectarios que enseñan que si no hay bajo los cielos un hombre que no haya mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adulterado. Ya que el deseo no es menos culpable que el acto, los justos pueden entregarse sin riesgo al ejercicio de la más desaforada lujuria.

»La Secta elude las iglesias; sus doctores predican al aire libre, desde un cerro o un muro o a veces desde un bote en la orilla.

»El nombre de la Secta ha suscitado tenaces conjeturas. Alguna quiere que nos dé la cifra a que están reducidos los fieles, lo cual es irrisorio pero profético, porque la Secta, dada su perversa doctrina, está predestinada a la muerte. Otra lo deriva de la altura del arca, que era de treinta codos; otra, que falsea la astronomía, del número de noches, que son la suma de cada mes lunar; otra, del bautismo del Salvador; otra, de los años de Adán, cuando surgió del polvo rojo. Todas son igualmente falsas. No menos mentiroso es el catálogo de treinta divinidades o tronos, de los cuales uno es Abraxas, representado con cabeza de gallo, brazos y torso de hombre y remate de enroscada serpiente.

»Sé la Verdad pero no puedo razonar la Verdad. El inapreciable don de comunicarla no me ha sido otorgado. Que otros, más felices que yo, salven a los sectarios por la palabra. Por la palabra o por el fuego. Más vale ser ejecutado que darse muerte. Me limitaré pues a la exposición de la abominable herejía.

»El Verbo se hizo carne para ser hombre entre los hombres, que lo darían a la cruz y serían redimidos por Él. Nació del vientre de una mujer del pueblo elegido no sólo para predicar el Amor, sino para sufrir el martirio.

»Era preciso que las cosas fueran inolvidables. No bastaba la muerte de un ser humano por el hierro o por la cicuta para herir la imaginación de los hombres hasta el fin de los días. El Señor dispuso los hechos de manera patética. Tal es la explicación de la última cena, de las palabras de Jesús que presagian la entrega, de la repetida señal a uno de los discípulos, de la bendición del pan y del vino, de los juramentos de Pedro, de la solitaria vigilia en Gethsemaní, del sueño de los doce, de la plegaria humana del Hijo, del sudor como sangre, de las espadas, del beso que traiciona, de Pilato que se lava las manos, de la flagelación, del escarnio, de las espinas, de la púrpura y del cetro de caña, del vinagre con hiel, de la Cruz en lo alto de una colina, de la promesa al buen ladrón, de la tierra que tiembla y de las tinieblas.

»La divina misericordia, a la que debo tantas mercedes me ha permitido descubrir la auténtica y secreta razón del nombre de la Secta. En Kerioth, donde verosímilmente nació, perdura un conventículo que se apoda de los Treinta Dineros. Ese nombre fue el primitivo y nos da la clave. En la tragedia de la Cruz —lo escribo con debida reverencia— hubo actores voluntarios e involuntarios, todos imprescindibles, todos fatales. Involuntarios fueron los sacerdotes que entregaron los dineros de plata, involuntaria fue la plebe que eligió a Barrabás, involuntario fue el procurador de Judea, involuntarios fueron los romanos que erigieron la Cruz de Su martirio y clavaron los clavos y echaron suertes. Voluntarios sólo hubo dos: El Redentor y Judas. Éste arrojó las treinta piezas que eran el precio de la salvación de las almas e inmediatamente se ahorcó. A la sazón contaba treinta y tres años, como el Hijo del Hombre. La Secta los venera por igual y absuelve a los otros.

»No hay un solo culpable; no hay uno que no sea un ejecutor, a sabiendas o no, del plan que trazó la Sabiduría. Todos comparten ahora la Gloria.

»Mi mano se resiste a escribir otra abominación. Los iniciados, al cumplir la edad señalada, se hacen escarnecer y crucificar en lo alto de un monte, para seguir el ejemplo de sus maestros. Esta violación criminal del quinto mandamiento debe ser reprimida con el rigor que las leyes humanas y divinas han exigido siempre. Que las maldiciones del Firmamento, que el odio de los ángeles…”

El fin del manuscrito no se ha encontrado.

Jorge Luis Borges – El libro de Arena (1975)

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