Anónimas

Aquí estoy de nuevo escribiéndote, sucumbiendo ante los síntomas que acarrea la soledad inusitada: los pensamientos mirando al techo, la reflexión excesiva, la acción pasiva, la dicha convertida en desesperación, y el ver que el tiempo pasa, y aun así, considerarlo una simple ficción. Padezco la locura más hermosa y placentera de todas, porque estoy a un paso de trascender en lo que respecta la materia del querer. Vivo la demencia en su más refinada expresión. Dentro de mí, el odio se ha convertido en una mala compañía y el amor es un sentimiento que se acumula sin consulta en los almacenes más profundos de mis anhelos. Los deseos, son  dulces abrebocas para mi hambrienta imaginación. Las palabras juegan conmigo, mientras el ruido del silencio hace estragos en mis sentidos. Una paz a pequeña escala, un retiro para el cuerpo y la mente, dentro de cuatro paredes con tono blanco latente. Así lo vivo, y así la escribo. En un cuaderno de espiral, entre prosas y versos, escribo acerca de mi manía de tenerte y el miedo de perderte. En mi memoria, hago cartografía con tu cuerpo mientras, indagando en los recuerdos, voy trazando líneas en tus caderas, buscando en paralelo aquellas regiones donde yacen tus gustos y temores. Voy trazando coordenadas y rutas, para  llegar a esa exótica boca tuya que tanto me aterra y me gusta. Eres la expectativa que supera mi fantasía. Eres ese futuro negado que tanto he anhelado tener a mi lado. Eres la sonrisa clandestina que busco entre tantos cumplidos y amenas indirectas. Eres ese detalle que sobresale como espíritu rebelde entre tanto tumulto de gente y calle. Eres el vicio que me consume lentamente. Eres la dulce distracción que me aleja de toda destructiva adicción. Eres espina enterrada en corazón. Eres el idilio que le da a esta carta todo sentido de razón. En soledad debo admitir que, pienso en usted todo el tiempo. Tú esencia se  mantiene vigente en mi mente, pero ausente en mi presente. He ahí el detalle. He ahí una de tantas pequeñas razones para justificar esta fascinante locura diagnosticada en la amarga soledad, que a la espera de una respuesta tuya perdura, y que anda siempre evitando por todos los medios cualquier sendero que la regrese al país de la cordura.

Alexander Urrieta

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“Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono”.

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José Saramago – Caín

Sinónimos

“Amor y odio. Entre una cosa y la otra (aparentemente), existe una gran diferencia. Podemos pasar la vida entera tratando de averiguar que los hace distintos uno del otro pero, sería divagar en lo incomprendido. Así que para evitar molestias y confusión, ignoremos que ambas son recíprocamente antónimas. El amor y el odio, no son diferencias de sentimientos encontrados, son más bien, sinónimos. Palabras que significan lo mismo pero se escriben distinto. Ambos son el mismo espectáculo humano, sólo que con orquestas distintas”.

Alexander Urrieta

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La sumisión irracional

El fanatismo, es una enfermedad mental, no declarada oficialmente, pero sí bastante diagnosticada y latente en nuestro ignaro pueblo caribeño. En Venezuela, es tonto, de mala educación, o mejor dicho, imprudente, establecer con fanáticos debates sobre quien tiene la razón en lo que respecta el tema de la política. Más que un intercambio de ideas, es una pelea verbal, donde el reprochar mutuo, tiene más sentido que analizar y pensar; una disputa, que viene de la mano de un par de cínicos, diferenciados uno del otro, por su simpatía desquiciada-obsesiva hacia un bando unicolor. Ambos, discrepan en todo, pero tanto el chavista perorata como el patético opositor, coinciden en una sola cosa: padecen de irremediable ceguera, una ceguera tan grave y tan dañina, que les hace creer que saben el precio de todo. Pero, para su desgracia, no conocen el valor de absolutamente nada. En otras palabras, unos pobres idiotas.

El venezolano, ante una falta de disciplina y pensamiento, opta por la sumisión irracional al líder personalista de turno. No es la primera vez en nuestra historia que tropezamos con  la misma piedra de la idolatría. No es una situación de asombro para nadie. Los pueblos que no conocen su historia, están rotundamente condenados a repetir los mismos errores del pasado. Desde el profeta Bolívar, hasta el caudillo ignorante encorbatado, pareciera, que el culto a los líderes se ha metido cándida y descaradamente en nuestra manera de forjar y dirigir un estado. Cómo si esa fuese nuestra única alternativa de salvación el poner toda una complicada carga llamada nación, en los hombros de un sólo hombre…que al ponerse su respectivo atuendo, se hace llamar pueblo.

La sumisión irracional, es uno de los tantos síntomas que padece el hombre mediocre que reside en el Caribe, respaldado por una idiosincrasia mal sazonada  y el inminente paso de los años. Los venezolanos, tanto los de tendencia chavista como los de tendencia opositora, han engendrado en su imaginario, una absurda dependencia hacia los líderes políticos de turno. La confusión de términos, el gen adulador y la ignorancia, parece que han sido los únicos legados que se han mantenido intactos en el transcurrir de las generaciones de nuestra historia. El confundir “mandatario-presidente”, con “libertador-salvador”  y el ignorar  que la credulidad y la idiotez no distingue bando ni color – he aquí su talón de Aquiles – el venezolano es incapaz de tomar las riendas de su propio destino de forma razonable y colectiva  y opta siempre, por arrimarse de manera insana a la sombra autoritaria que mejor lo tape, o mejor dicho,  lo ciegue completamente, y lo desvíe de la incómoda y molesta idea de tener que encarar verdades amargas. Al venezolano le aterra asumir realidades dolorosas.

El problema de nosotros los venezolanos no son nuestros políticos, sino nosotros mismos. Los  venezolanos, vamos errantes por la línea del tiempo, esperando entre los laureles de la dejadez y la pereza intelectual, al siguiente soberano mesiánico que solucione todo nuestros problemas. Los venezolanos, endiosan tanto a un hombre, que llegan a creer que la labor o el trabajo propiciado por éste, amerita una obligada adoración y gratitud, convirtiendo al pueblo en una masa aduladora, ciega y enferma, que vive con la idea, de que el progreso, revolución (o como quieran llamarle), está en manos de un sólo abanderado. El fanatismo es nuestra piedra en el zapato y nuestro dilema existencial.  El fanatismo, es el endémico y craso error de nuestro pasado, presente y (espero no atinar en lo correcto), nuestro esperanzado futuro.

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Alexander Urrieta – 11 de agosto de 2013

Del uno al ocho

Una panacea para mi soñar, para que mi dolor deje de sangrar.

Dos razones para que lo nuestro sea cierto, para entender que nunca he estado despierto.

Tres pasos para perder el sabor, para no dejar rastro de olor.

Cuatro paredes para ocultar lo nuestro, para que cuando nos descubran, piensen que es un secuestro.

Cinco halagos a tu boca perfecta, para que mi propuesta sea bastante directa.

Seis días para que seas mi fantasía mundana, para que sólo te tome un día ser una mujer puritana.

Siete meses para olvidar y perder, para volver a amar y nacer.

Ocho años donde exijamos espacio, para recordar que nunca fuimos despacio.

Nueve qué. Si para entonces ya estaremos muertos.

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La Noche

“Me gusta tu palabra a la hora del trasnocho, no se cohíbe, se vuelve libre y se mantiene atenta y la par con el insomnio. En la oscuridad, tu palabra adquiere un sabor que sólo puede ser degustado bajo la luz de las estrellas. Tus oraciones dicen exactamente lo que piensas, porque es en la noche, donde tenemos la mente con un pie en la realidad y otro en la fantasía. Tienes la opción de dormir y encontrar un apasionado sueño, o de mantenerte despierta creando paraísos con tu sincera palabra, que va lanzando ideas risueñas y enamoran a cualquier ser que busque entenderte…y quererte”.

Alexander Urrieta

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