El circo del mundo

No tengo mucho que decir queridos extraños. Las dinámicas se hicieron para que nadie se hiciera amigo de nadie. En cada sesión maceraba una suerte de decepción interior. Actitud masoquista, pues uno ya de antemano debe asumir que la originalidad rara veces se encuentra por ahí. Es subrepticia y tímida. Muchos anhelan encontrar dicha inspiración: un estado de lucidez absoluta que nos de la capacidad de expresarnos de la mejor manera ante una audiencia virtual repleta de desconocidos. La obsesión de convertirnos en escritores: preclaros de la metrópolis, llevando las riendas y destacando cierta destreza por encima del resto de los animales; porque recordemos que el conocimiento es poder, y al poseerlo nos sitúa en un rango por encima de otros, cosa que resulta terrible cuando olvidamos trabajar con humildad. La soberbia es algo común en los medios artísticos, y más en esos medios dónde se eyaculan las ideas y quedan plasmadas por escrito. Hay que saber la diferencia entre un verdadero maestro literario y un estafador de librería.

Hoy en día es mucho más sencillo pretender que se sabe mucho de la vida, simplemente basándonos en experiencias ajenas, en ideas que nunca fueron nuestras, que como muchos han olvidado, nos permiten apoderarnos de ellas, hablar con autoridad de lo que se teme y desconoce es el pasatiempo de los idiotas. En estos tiempos modernos de instante y agitación, cualquier patán letrado es tomado en cuenta. Está el sempiterno caso de los políticos, que vienen a ser lo mismo que cualquier estrella de rock o deportista popular. Convertirse en celebridad es asumir el absoluto de los prejuicios de este mundo que cada día es más estúpido y absurdo, pero sin embargo, funciona en su perfecto caos. Una maquinaria colosal y perfecta que no se detiene a reflexionar. Si hablamos de forma general, el mundo ya lo perdimos… lo acabamos hace muchísimo tiempo.

Tal vez sea suerte, o quizá desgracia para nosotros, que todavía permanezcamos pensantes y vivos. Algo bueno debemos estar creando dentro de nuestras entrañas. Sin pretensiones de ego, pero ciertas ínfulas nos hacen sentir menos insignificantes. Es muy fácil convertirse en ladrillo. Gran parte de nuestra vida solar gira en torno a nuestro afán de encajar en algún muro…creo que aquí radica gran parte de nuestra soledad.

Creer que nuestras acciones no afectan el orden natural de las cosas es signo de inferioridad. Inferioridad aprendida durante años, porque como habitantes del mundo, y como seres individuales sin importancia colectiva, nos vamos definiendo en función de los otros, digamos que el factor externo nos conduce por la selva de concreto. Hay una necesidad casi insana por definirnos y ser reconocidos ante los demás, pues idealizamos hasta lo improbable. La miseria de estos tiempos está en la ignorancia de nuestra propia ignorancia. Con lo poco que tenemos jugamos a ser Dioses, lideres energúmenos, hombres comunes que se derriten ante cualquier banalidad propuesta por una maniobra del mercado. La ridiculez de sentirnos vivos… temo que en este país (y no pongo en duda que en otros lugares suceda) desconocemos y le hemos dado un concepto ambiguo a la libertad: palabra gastada y trillada, pero sin embargo poderosa, quizá por su alto grado de contenido fantástico.

Palabras gastadas van y vienen para construir el discurso de nuestra historia. Por desgracia seguimos viendo la historia desde los ganadores. Pienso que el país se va a la mierda por nuestra falta de tacto, por nuestra incapacidad de reconocer dónde estamos parados. La ignorancia de los intelectuales es la que quizá hace más daño, pues son estos pelícanos encorbatados los que mueven al resto de borregos, que se sienten superiores en su burbuja de saberes de élite; es una lástima que el saber tenga que demostrarse en méritos de papel; pienso que el verdadero saber se forma fuera de la exigencia académica. Una calificación en estos tiempos ya no puede definir qué alumnos son buenos y qué alumnos no. Todo tiene que ver con etiquetar a los seres. Cuántos saberes y talentos se han matado en las escuelas, para evitar alterar el orden mecanizado de nuestros días. Todavía el espectro de la meritocracia siembra ideales patéticos en la sociedad, produciendo seres competitivos abanderados de individualismo, que plantean el orden y el progreso pero solamente para ellos mismos… el discurso del desarrollo ya se quedó obsoleto para los tiempos decadentes.

No debemos olvidar que la Razón nos trajo hasta aquí. En nuestro prometeico intento de dominación logramos destronar al Sol: con el hongo atómico logramos igualar el poderío del astro rey… La bomba nuclear se convirtió en la medida de todas las cosas. Nuestro afán de tener la razón conoce sus límites y a partir de ellos traza unos nuevos, porque la idea es la trascendencia humana, llegar a la imagen y semejanza de Dios sin importar los medios. La satisfacción de estos límites ya no considera si hacemos daño al espacio dónde nos encontramos, lo importante es lograr cumplir nuestros sueños…qué importa si la realidad se desmorona ante nosotros. Vivimos para saciar el morbo y lo enfermizo, la medida de la experiencia se reduce al placer de las audiencia. Ya no soy un sujeto sino un pobre cliente. El despilfarro del consumo nos mantiene dopados en la medida que vamos destruyendo la tierra. La violencia y el abuso se han normalizado hasta tal punto que el caos lo aceptamos como algo irreversible, pero completamente ajeno a nosotros. Es como una especie de negación hacia nuestra cruda naturaleza.

Los animales que comemos, los clonamos para perpetuar nuestro apetito. Y los animales que no podemos comer, los encerramos en zoológicos, los cazamos por diversión, tiranizamos la vida de otros para complacer la nuestra. Hay un gusto exacerbado por el caos, que se necesita para prevalecer cierto equilibrio: estabilidad para uno, pero por qué no para todos. Nos resulta sencillo imaginarnos el fin del mundo: un estado de caos y destrucción: el apocalipsis resulta un evento amistoso, pero, cómo nos cuesta re-pensar la cosas, nos resulta imposible imaginarnos un mundo que funcione de otra manera. No de una sola manera, sino de muchas maneras. No resulta inconcebible imaginarnos un mundo donde sean posibles otros mundos.

Alexander Urrieta Solano

0247

Anuncios

Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s