Bocetos sin filtro

La descripción de un espacio que puedo llamar mío, que puedo sentirlo como mi rincón de universo, saberme mío y sólo mío, en esta soledad geométrica, de complejo residencial, de ascensores y bajantes, escalera y planta baja.

Es una ilusión, como la que brinda la tarjeta de crédito. Maldito invento: disponer de dinero que no se tiene. No debe extrañarme nada entonces. Vivimos en un mundo de espejismos y máscaras. De engaño y contradicción. Suspendidos en la nada. Según los locos que estudian, el origen ya no existe. Repetición. Repetición. Todo tiene que ver con la repetición. Con la producción en masa. Con la satisfacción instantánea. A veces temo volverme un bicho raro, de esos que dejan de pensar por cuenta propia, y se mueven con la torpeza de unos hilos dirigiendo sus acciones. Hay temor al olvido, a pesar de que el recuerdo me resulte pesado. Estoy algo confundido, debe ser el somnífero. Resistirse al sueño, provoca rayas en la visión, distorsión por todos lados. Confusión y alegría. No importa. Da igual si estas ideas no se entienden, después de todo esto se supone que es un ejercicio. Una prueba.

A nivel de la noche, aparece un dialogo distante. Se renueva. Al alcance de las manos, las imágenes van cobrando vida. Todo un lujo escribir desde la nada. Desde la burbuja, desde la prisión de conjunto residencial. Para escribir con agilidad, hay que ejercitar el músculo todos los días. Jugar con el tiempo, entretenerse quitando y amando. Esconderse en un modo de locura sutil, de esos que acalambran las piernas, que nos hace mansos y tiernos; digamos que condescendientes también. Sin embargo igual creo que somos hipócritas, urracas parlantes, que juegan a ser cuervos de paz. Animales de carroña, falsos diletantes. Que mi condena sea la vida, pues ya mi dicha está reservada en la muerte. Ella me espera contando los días. Pero todavía no me lleva.

Hay que macerar la concentración. La valiosa lección de observar. Escudo sortija y espada, afinación y entonación, cacofonía deísmo y dequeísmo. Fumando cigarro se retiene la desesperación, por eso es el peor de los vicios inventados por el diablo, perdón, por el hombre.

Naturaleza sembrada de terror y menudencia. A esta ciudad he venido a parar. Voces tenebrosas deambulan por la oreja, cuchichean y me hablan en palíndromos: la ruta natural, ese, atar a la rata. Todo es acogedora confusión. Creo que me estoy quedando ciego.

El estado de gracia es paciencia y por qué no decir, virtud de los que pretenden escribir poesía. Si a la larga me rompo un hueso no será por ustedes, querida audiencia. Audiencia necesitada de locos que narren sus experiencias a vox populi, con la potestad de elogiar y despotricar… así funciona la industria del espectáculo ¿no?

Unos contemplan el mundo desde un rectángulo que sobrevive a punta de litio… la apoteosis provocada por un safari o un viaje por el mar. Caos porque otros son teatro ejercido en tablas de destrucción. Desigualdad hay en todos lados. Todos los animales son iguales, pero unos son más irreales que otros. Venimos de lo mismo, pero somos diferentes… así nos enseñan a comprender el mundo. Improviso entre botellas y pastillas, polvo de rata y taurina. Pienso en ella sin recelo, mientras degusto la vida que todavía me queda. Lo ojos se cierran porque me entrego a la borrachera…es una pena que en los sueños no se pueda escribir.

Alexander Urrieta Solano

0218

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Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

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