La mirada violenta del no nacido

La monotonía los había convertido en autómatas. Se trataban como dos extraños que habían olvidado que se querían. Ella se había acostumbrado al borborigmo y las pastillas para la tensión. Él se volvió inmune al aliento pesticida de su esposa por las mañanas. Les resultaba divertido mirar desde la almohada su pequeño rincón de universo, donde los primeros rayos que entraban en la habitación revelaban las infinitas estrellas de polvo, que iban a parar a libros y adornos, que para limpiarlos salía mejor sumergirlos en agua que pasarles un trapito húmedo. Los caprichos del hogar le maltrataron las manos a ella, ya no tenía tiempo para rejuvenecer ni divertirse como antes. Los trastornos de la ciudad lo volvieron loco a él, con el tiempo aprendió los oficios del hombre común, se obligó a sentirse cómodo en no lugares, a disfrutar de la banalidad y el carnaval asfixiante de Caracas: las tascas el pan con ajo y la cerveza, el eructo y la distorsión del fumador pasivo, el etílico recorriendo el cuerpo, un hígado explotado trabajando por un bienestar insensato.

Ella poco a poco empezó a salir de la casa motivada por la lengua de sus amigas solteronas. Se abrazó a las prácticas esotéricas y los libros de autoayuda; entre quiromantes y coelhismos embrutecedores se ideó una filosofía de vida sintética, contaminada por novelas rosa y tramas vampíricas mediocres. Él se entregó a la fuga y al pay per view; pasaba horas contemplando mujeres voluptuosas inalcanzables, su historial se llenó de notificaciones de facebook y pornografía. Ninguno de los dos encontraba empatía en el otro, y sin embargo el mundo pensaba que todavía se querían con la misma intensidad del primer día. Era un amor de plástico. Pretendían ser jóvenes para ignorar que se estaban poniendo viejos, de que el tiempo se les acababa, que la piel se arrugaba y el sexo ya no tenía velo en este entierro. Se comportaban como carajitos. En intentos de salvación por los domingos subían al Ávila para bajar luego llenos de odio. La costumbre mata amor. Las pistoladas de la experiencia eventualmente se volvieron una realidad. Estaban asqueados de la sombra del otro.

Todo se volvió un círculo vicioso. Ella encontró el sosiego en los brazos de otro hombre. Él recreaba sus fantasías misóginas con muñecas inflables. Eran un par de ciegos que jugaban a hacerse daño, típico de los adultos que se encadenan en sus propios egoísmos. La soledad tomó consideración con los dos. En su desesperación, ella buscó muletilla en charlas de motivación personal dictadas por farsantes que dicen que el universo conspira para que nos vaya bien en la vida ¿Alguien puede concebir semejante mentira? En su resignación, él se escondió en la idiotez de la televisión por cable: los clásicos de fútbol, las series gringas de humor insípido que te indican cuando tienes que reírte, contemplar el reino animal desde un plasma se volvió una suerte de apoteosis para él. En ellos se maceraba la rabia.

Un día de abril, de forma casi inesperada, uno le terminó arrebatando la vida al otro. Qué razones motivan a los hombres a matar, y seguido en un acto cobarde matarse ellos también. Ciertos sofistas afirman que el azar determina estas desgracias. Otros menos doctos, sugieren que el occiso es el producto lógico, de una relación fermentada en ilusiones y molestias irreversibles. Creo que ella simplemente lo que intentó fue reclamar su libertad. Y él, en su complejo de kamikaze le siguió la corriente. En su locura inusitada, terminaron matándome a mí también.

Mis padres Reyes de Indias devorados por un monstruo amable llamado Ciudad. Si yo hubiera nacido me gustaría pensar que las cosas hubiesen sido distintas. De que mi presencia en esta relación hubiese marcado una pauta para evitar quizá esta inminente destrucción. No lo sé. Mi voz fue un susurro que se aferró al olvido. Después de todo, la mirada violenta del no nacido no es otra cosa que un grito absurdo, que se pierde en el vacío.

Alexander Urrieta Solano

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Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

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