Cuatro esquinas

Enloquecido por esa urdimbre de pasiones y miedos sigo la pauta de los dedos. Un manejo casi volátil de los sentidos. Emprendo mi periplo por tu cuerpo sin tener fecha exacta de regreso. Sin nociones del mañana ni certezas de la dicha o la desgracia. Me entrego a tu fauna, y me siento como pez en el agua, navegando a ciegas por ese líquido que emana tu sexo. En medio de la oscuridad voy degustando el exquisito manjar de la risa mezclada con llanto. Me fundo en ese trance invocado por tu mirada de basilisco, que provoca taquicardias insanas y calambres en las piernas; que no perdona, que hipnotiza y mata lentamente, como la vida misma, que se envenena y desvanece con cada paso déspota del tiempo. Te tomo en mis brazos como pereza aferrándose con fuerza al árbol. Con mi boca recito hechizos para erizar los pelos. Me impregno como tatuaje en los rincones más entrañables de la carne. En un suspiro violento refresco con cierta calidez tu cuello. Nos movemos entre las sábanas como serpientes mudando piel. Sin hacer mucho ruido nos decimos al oído que nos queremos. Haciendo una pausa retrocedo para apuntar mis intenciones a tu semblante, para decirte en silencio que nunca te he deseado tanto como ahora. Unimos las frentes, y provocamos una hecatombe a pequeña escala, chocando mundos distintos, violando toda ley de atracción y gravedad, porque es a través de esa intimidad exclusiva donde nos damos cuenta, que son los pequeños detalles traducidos en caricias los que dan sentido a la existencia. Intentamos descifrar nuestra desnudez en el matiz púrpura de la noche, pero divagamos tanto en nuestros anhelos que nos perdemos de nuevo en esta lucha salvaje de cuerpos. Ejecutando maniobras extravagantes en cuatro esquinas nos perpetuamos en el recuerdo. Jugamos esgrima con la lengua mientras el corazón bombea de forma desquiciada, al compás de la música, Animales de Cuentos Borgeanos. Nos agitamos desesperados buscando dosis vital en los labios del otro. Mordemos como locos. Arañamos por placer. No queda zona erógena baldía en este palpar incesante. Todo roce es un espasmo que fermenta un idilio que embriaga en magnitudes desconocidas, que aterra y fascina a la vez. Emoción que escupe fuego, y cicatriza heridas por dentro. Emoción que sube y baja. Emoción que motiva a escribir a mitad del insomnio, mientras miro tu cuerpo dormir, arropado, brotando tranquilidad por todo el cuarto. Dictando palabras a este hombre extasiado, sumergido en un delirio de madrugada, recreando eventos y reviviendo momentos. Buscando el sueño a tu lado, cierro los ojos, me entrego a Morfeo, y en un susurro digo tu nombre completo. Y es aquí, en la calma total de nuestra soledad de pares, donde afirmamos que hacer el amor arrebatados nos tiene sin cuidado, nos ha dejado cansados, y hermosamente noqueados.

Alexander Urrieta

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Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

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