La noche del loco

Entra, quédate  conmigo, pero no hagas mucho ruido.

El escribir es un arte bastante complicado. Consiste en somatizar los sentimientos en palabra escrita. Plasmar ideas y emociones en un papel, jugando con diversas construcciones e invenciones. Más que un arte, es una lucha. Un demonio que matar. Una musa que adorar. Esta noche sólo me basta con palabras para poderme desahogar. La palabra lo es todo. Una palabra puede ser mucho pero también puede ser poco. Adición y sustracción. Valor y temor. Realidad y ficción. La imprescindible entre tantas que sobran. Palabra engreída y extrovertida, que sobresale entre tantas temerosas y cautivas. Adjetivos que la marcan y artículos que la definen. Una palabra para enaltecer la destreza, otra para delatar la innata torpeza. Eso somos, así fuimos y así seremos, vocal y consonante, armando sílabas en medio de una oscuridad gramatical. Una extraña suma de expectativas, que motivan a escribir a ésta, mi alma sin vergüenza pero creativa, a plasmar palabras al compás de una vida tan risueña y tan ambigua, que no encuentra calma entre tanto sueño roto, tanta mentira y tanta decepción que desemboca en un río de desilusión. Ideas de madrugada, que salpican y sazonan las ideas escritas por la tarde. Sustancias para aliviar la tensión. Calmantes farmacéuticos. Bebidas efervescentes. Bombas azucaradas. Cigarros para el buen humor. Abuso total del alcohol, para exprimir hasta el cansancio, toda palabra plagada de franqueza. La sinceridad por delante, y el engaño escondido detrás, adornado con un burdo disfraz. Tengo el placer de ser honesto incluso cuando miento. Nadie me reprocha porque nadie sospecha. No explico porque no lo necesito, ya que le escribo a un público que no sabe leer. Oraciones para expresar un Te quiero en medio de párrafos cargados de desprecio. Profesar mi odio en una elaborada carta de amor. Alejarme para no estar al alcance de nadie, porque mi locura es sagrada y no deseo que nadie me toque. Perderme en la contradicción. Perderme en un cuerpo ficticio totalmente desconocido. Perderme en la perversidad de la lengua, que tiraniza a la boca y la obliga a formar palabras insensatas. Irme lejos, muy lejos, sin importar si mi ausencia daña o golpea. Un egoísmo refinado, selectivo, caprichoso, tóxico y hermoso, que inhala y exhala a medida que esta mano va improvisando palabras en un cuaderno de espiral. Palabras para distraer mas no para calmar. El verso inspirado por lástima. El antojo foráneo. La estampida verbal que arrolla cualquier sentimiento sincero, porque el placer siempre va de primero. Confusión y melodrama. Belleza y fealdad. Ética y moral. Pura oración envenenada, que se pierde en este abismo de ideas. Rabias y alegrías que se ahogan en un coma etílico. Una amnesia inducida, mezclada con procesos de combustión y poca comida. Palabras para elevar la formación artística. Para hablar lo que todos callan. Viajero errante a la deriva, que recuerda sus defectos y problemas con la bebida. Buscando un nuevo soma para sanar la herida que no se cura en esta vida. Palabras para mi persona. El antagonista, el reservado, la caja fuerte del pecado. Lo que nadie está buscando. Una carta sin posdata, porque estas palabras, esta noche, no valen nada.

Alexander Urrieta

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Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

2 comentarios sobre “La noche del loco”

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