Máscaras

Los hombres de hoy, parecen tener miedo de mostrar su verdadera cara ante la sociedad. Es por eso, que a lo largo de nuestra vida, el hombre se las ha ingeniado para sobrevivir, mejorando el arte del engaño y la improvisación. Vivimos en un mundo de máscaras, que combinamos con disfraces que usamos en tiempos prolongados y momentos diferentes, mostrándole a nuestros terceros algo que en verdad no somos, mientras, que en el fondo de nuestros tristes corazones, mantenemos recluso a nuestro verdadero ser, oculto y apresado, para evitar juicios y atentados de la cruel realidad. Lo único que queremos, es no ser recriminados por ser distintos, no nos importa que tanto nos cueste, no importa cuánto daño nos hagamos, sólo queremos ser aceptados. Qué concepto tan miserable.

Todas esas ropas, maquillajes, palabras, gestos, lujos, productos, comida, tecnología, marcas, bisutería, estupidez, ideología y estilos vida, forman parte de ese patético sueño colectivo. Un mundo de promesas con trasfondos oscuros, que han convertido la realidad en una mentira con implantes de plástico y cirugías embrutecedoras. Un sueño que creemos propio, que nos pertenece a cada uno de nosotros, pero en verdad, no lo es. Nos condicionan desde el momento que nacemos. Nos dan un nombre, nos etiquetan como animales al matadero. Nos registran con una identidad, una casta, una clase social, un color, un género, y nos mantienen dopados en nuestros hogares y escuelas, con esa triste quimera, de que somos especiales, de que somos únicos, distintos, y la mejor de todas, que somos libres. La gran paradoja de nuestros tiempos. De qué libertad nos han hablado durante tantos años, no la sabemos, no la conocemos, porque como se dijo antes, vivimos en un sueño colectivo, un espejismo masivo que nos arrastra a todos a ese cruel destino de convertirnos en esclavos, de ser engranajes, simples y pobres piezas desechables en esta enorme y destructiva máquina que no se detiene por nada ni por nadie. La Civilización.

Más que un sueño dorado, es una pesadilla masificada. Hombres y mujeres pretendiendo ser lo que no son, dando todo por el todo para ser aceptados, entregando a ciegas, como primer recurso su conciencia, y cómo último, su dignidad, todo, para asegurar así su lugar en esta sociedad que paulatinamente, se asfixia con el plástico que emanan las máscaras gastadas que llevan puestas todos los hombres cobardes. Ya a estas alturas, no nos puede asombrar de lo que es capaz la estupidez del hombre, ya debemos asumir que lo peor está por ocurrir, que esta gran epidemia artificial que intoxica a la humanidad, sólo es uno de tantos síntomas que vaticinan nuestra inminente destrucción.

Muere lo humano en el hombre. Qué difícil es encontrar autenticidad en estos días. Cómo cuesta encontrar en esta salvaje jungla de concreto, un alma con un sentir, un estar y un pensar, tan natural y original. Cómo cuesta quitarnos la máscara, que por nuestra ignorancia y el pasar de los años, se ha adherido cómodamente en nuestra piel, se ha incrustando vilmente en nuestro ser, impidiéndonos deshacernos de ella. La máscara se mantiene parásita en nuestro rostro, porque se respalda y se alimenta de nuestro miedo. Tenemos miedo que al quitárnosla, nos arranquemos trozos de piel y perdamos parte de nuestro fingido ser. Que nos vean como en verdad somos.

Qué absurdo son estos tiempos modernos que padecemos y vivimos. De qué ha servido tanto auge tecnológico cuando la mente del hombre se ha empobrecido tanto. Acaso, vale la pena hablar de progreso y futuro, en un presente dónde las personas tienen como prioridad ocultar sus defectos y dejar a un lado sus virtudes. Dónde es más importante lucir bien, antes que sentirse bien. Dónde se juzga a una persona por su apariencia y no por lo que piensa. Me temo, que al paso que vamos, acelerado, déspota, insano y despreocupado, olvidemos que tenemos que detenernos, así sea por un instante a descansar, y analizar con detenimiento todas las interrogantes que sacuden nuestro presente y nos impiden dar un pronóstico apacible sobre el mañana. Pero temo más aun, que el detenerse sea una idea ya desfasada, y que nos encontremos a bordo de un viaje sin retorno alguno. Temo asumir que el futuro ya es presente. Temo aceptar que estoy en lo correcto, y me aterra estar consciente, de que ya es mañana, y que vivo en un mundo dominado por seres enmascarados, que cada día, parecen más máquinas a medida que van dejando de ser hombres.

Alexander Urrieta

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Publicado por

@ElPerezosito

Otro inconforme caraqueño que se rebusca en las redes sociales para destacarse sobre el resto de los animales.

2 comentarios sobre “Máscaras”

  1. Muy bueno
    *Cara Fuera*
    La máscara está allí,
    la veo siempre al espejo.
    Ha pasado mucho tiempo
    comiendo del pellejo,
    Ha comido mis sueños,
    se justifica en mis fracasos
    crece y devora mis ansias,
    Y ahora llega hasta mis brazos.
    Está tan llena de mentiras
    que pesada es esta carga
    Ya no soy Yo quien vive
    Es esta siniestra cara
    Agotado de existir, me le acerco al espejo
    Le pregunto quién soy
    Me responde a quien veo

  2. Alexander excelente análísis … muy pocas personas a tu edad se atreven a hacer una exposición tan clara y precisa de este tipo de conductas muy frecuentes hoy día… te haces entender muy bien cuando escribes. Te felicito una vez más. Abrazos!

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